CEPAL. Más vale prevenir

Paradójicamente, y frente al deterioro social que produjo en Latinoamérica la crisis mexicana, CEP
Nelson Soza Montiel / Santiago

Las economías latinoamericanas no se hundieron en el marasmo de una recesión profunda, pero los efectos del -tequilazo tampoco pasaron inadvertidos para su todavía débil reactivación. El -Panorama Económico que por estas fechas publica la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) verifica las consecuencias más inmediatas sobre Latinoamérica de la crisis mexicana -entre ellas una interrupción de los flujos de capitales "golondrinos" o cortoplacistas, un decrecimiento de las mayores economías y un casi generalizado incremento del desempleo-, aunque también extrae las lecciones que a mediano plazo debiera seguir la mayoría de los gobiernos de la región.

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Dos de esas consecuencias son aparentemente contradictorias. De un lado, la CEPAL pone el acento en la necesidad de que los países reduzcan en lo posible su dependencia del financiamiento externo, en especial si es especulativo: "Si una economía no genera suficiente ahorro interno -postula-, el externo puede llegar a ser excesivamente determinante en la estabilidad macroeconómica".

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Pero por otra parte el organismo advierte que para evitar los nefastos efectos de futuros -shocks externos se hace necesario insistir en nuevos ajustes. Paradójicamente, esta recomendación se hace tras comprobar que Latinoamérica debió sortear la crisis mexicana aplicando una vez más "ajustes de alto costo social".

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La brusca frenada del ingreso de capitales a Latinoamérica -que este año totalizarían unos $30,000 millones de dólares, la mitad del promedio anual verificado entre 1992-94- obligó a aplicar severos ajustes fiscales. Estos últimos se tradujeron en una casi generalizada menor tasa de crecimiento y un incremento también casi total del desempleo, en varios casos acompañado además de una caída salarial: el primero descenderá desde una tasa promedio de 3.6% entre 1995-94, a una cifra estimada entre 1.5 y 2%, mientras la desocupación aumentará en toda la región, con la sola excepción de Brasil, Chile y Colombia.

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Desaceleración económica. Salvo Chile y Perú -cuyas tasas de crecimiento bordearán este año 7% y algo menos de 13%, respectivamente- el resto de la región registrará una -desaceleración económica. Pero la coyuntura favorable de precios de los productos básicos exportados por Latinoamérica atenuará los efectos negativos del menor crecimiento económico sobre las cuentas externas.

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El flujo exportador latinoamericano crecerá este año 20%, algo más del triple del promedio de 6% anual verificado entre 1991-94: Argentina, Chile, Colombia, México y Perú registrarán incrementos mayores, de entre 25 y 40%. Este aumento obedece antes a precios que a mayores volúmenes; de los 17 productos considerados por CEPAL, sólo tres de ellos habían bajado durante el primer semestre de 1995 en relación a igual periodo del año anterior.

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Sin ahondar en las características de estos nuevos programas de ajuste, para CEPAL la crisis mexicana dejó a plena luz la vulnerabilidad de las economías regionales ante -shocks externos y una especial debilidad de sus mercados financie os. Numerosos episodios de insolvencia y quiebras bancarias en Argentina, Bolivia, Brasil, México y Paraguay -antecedidos por situaciones similares en Venezuela y Costa Rica- dejaron en evidencia la necesidad de introducir profundas reformas, al sistema bancario.

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Precisamente en este punto pone especial énfasis la cuenta anual que hace unos días rindió el Banco Central de Chile al Parlamento de este país. Las recomendaciones capitalinas han venido a fortalecer en parte su oposición a las presiones de banqueros y empresarios exportadores -apenas atenuadas por la crisis mexicana- para liberalizar totalmente la cuenta de capitales y así poner término a las restricciones para el libre ingreso y salida de divisas del país.

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El instituto emisor chileno postula en su exposición que "una integración más rápida (al mercado de capitales internacionales) conlleva el riesgo de generar grandes influjos de capitales e implica el riesgo de fuertes aumentos en el precio de los activos domésticos, incluyendo acciones, propiedades, tierras y valores. Estos mayores precios generarían un aumento de la riqueza percibida, una elevación en el valor de las garantías bancarias, en el valor real del peso y en el endeudamiento externo neto del país."

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¿Cuál es el peligro? Que ante la eventualidad de cualquier problema externo, -"los inversionistas extranjeros podrían detener o incluso revertir el flujo de capitales que ingresa al país, forzando así un ajuste recesivo".

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Reducir dependencia de capitales foráneos. Lo que Chile intenta evitar es lo ocurrido tras el -tequilazo en Latinoamérica: una notable reducción de las inversiones en bonos y acciones y en las colocaciones de corto plazo, las emisiones de títulos de depósito estadounidenses (ADRs.) disminuyeron a la mitad (desde $10,000 a $5,400 millones de dólares) el primer semestre de 1995 en relación a igual lapso de 1994, y de no mediar la inyección de $51,000 millones de dólares del FMI, el Banco Mundial y la Casa Blanca aportados a México y Argentina, el saldo de capitales habría resultado negativo para Latinoamérica este año.

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La elevada dependencia de los capitales foráneos genera así una especie de círculo vicioso: para alimentar su crecimiento, los países latinoamericanos requieren ahorro, pero cuando éste proviene esencialmente de fuentes externas, encierra el riesgo de acentuar los cielos recesivos que de tiempo en tiempo sobrevienen en la región.

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Para CEPAL, las tres lecciones para Latinoamérica en este año son: ahorro interno, estabilidad macroeconómica y equidad social. Subsiste no obstante una aparente dicotomía entre alcanzar los primeros dos objetivos merced a nuevos ajustes, cuyos resultados a corto plazo precisamente acentúan los índices de pobreza de nuestra región.

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