China, el devorador

El fenómeno chino pone sobre la mesa, de forma cruda, cómo grandes transformaciones en la economí
José Luis Escrivá

América Latina tiene enfrente la posibilidad de ser un ganador o perdedor frente al gigante.

- En pocos años, China pasó de ser un país marginal dentro de la economía mundial a desempeñar un papel central en el escenario económico global. No por muy divulgadas, algunas cifras no dejan de impresionar. Entre 1978 y 2004, el PIB real creció 9.4%.

- Este extraordinario comportamiento hizo de China una economía 12 veces más grande de lo que era hace sólo 25 años, con un tamaño similar a la suma de las economías de Brasil, México y Rusia. De repetirse la experiencia en el próximo cuarto de siglo, la economía china podría igualar en dimensión a la de Estados Unidos.

- El fenómeno chino constituye, al mismo tiempo, el desarrollo de un importante mercado potencial. De 1978 a 2004, su volumen comercial creció a una tasa anual de 25%. China es hoy el principal receptor de inversión extranjera directa, con un volumen acumulado de alrededor de $60,000 millones de dólares en 2004.

- La economía china devora materias primas y Latinoamérica, en su mayor parte, está especializada en la producción de estos bienes.

- En 2004, China fue el mayor consumidor mundial de cobre, estaño, zinc, platino, acero y hierro, mientras que Latinoamérica exporta, por ejemplo, 47% de la soja, 40% del cobre y 9.5% del crudo del total de las exportaciones mundiales. Frente a un crecimiento de 8.5% de las exportaciones totales de la región en 2003, las destinadas hacia el mercado chino crecieron 72%.

- La excepción en Latinoamérica, al impacto positivo de China sobre los flujos comerciales, la constituye México. Según estimaciones del BBVA, cuando se analizan los patrones de las exportaciones a nivel mundial, México, junto con Tailandia y Polonia, presenta el grado más alto de similitud con el patrón exportador chino. México está, no obstante, resistiendo la competencia china, especialmente en sectores donde los costos de transporte son decisivos y compensan la ventaja china en costos laborales.

- El contraste entre la suerte de México y del resto de Latinoamérica ante el fenómeno chino, pone de manifiesto de forma cruda cómo grandes transformaciones en la economía mundial suelen generar simultáneamente retos y oportunidades.

- Quién resulte finalmente beneficiado a largo plazo dependerá en buena medida de cómo se afronten hoy los retos y se aprovechen las oportunidades. Los aparentes perdedores de ahora pueden convertirse en los ganadores del futuro y viceversa.

- Si la competencia china sirve como catalizador de las reformas estructurales, necesarias por tanto tiempo en México, este país se pondrá en condiciones para explotar su enorme potencial económico.

- Del mismo modo, para el resto de Latinoamérica sería un error pensar que el boom del precio de las materias primas va a durar indefinidamente.

- Antes o después, los precios de estos bienes retomarán su tendencia secular a crecer sensiblemente por debajo del nivel general de precios, como corresponde a bienes cuya demanda relativa, a partir de un cierto umbral de renta, tiende a decrecer a medida que aumenta la renta per cápita. Y llegará un momento en que la economía china, como antes hicieron la de muchos otros países, superará ese umbral.

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- El ‘cortoplacismo’ es uno los principales males que asola las economías latinoamericanas. La bonanza de hoy debe aprovecharse para transformar sus economías: sanear las finanzas públicas, invertir en educación y en infraestructuras necesarias y rentables y diversificar decisivamente el aparato productivo. Sólo así se ganará el futuro.

El autor es economista-jefe del grupo BBVA.

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