Chupitos y la transición

Al senador Chupitos la derrota del PRI en las pasadas elecciones le sentó mal.
Ricardo Medina Macías

Un personaje emblemático de los tiempos políticos que vive México es el Senador Chupitos. Priísta de rancio abolengo es un político del sur oriente mexicano cuya reputación fluctúa entre las dos siguientes frases: “es un tipo hábil y muy abusado” (declaración de su compadre). “Es siniestro y abismalmente corrupto, le podría dar clases a Vladimiro Montesinos” (comentario de una víctima de las “habilidades” de Chupitos).

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Al Chupitos la derrota del PRI en las elecciones le sentó mal. No era para menos, otra vez (“por segunda vez, mi hermano”) estuvo a punto de tocar el cielo y se le fue.

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La primera vez que estuvo en los dinteles de la gloria, fue cuando uno de sus padrinos de rancio abolengo soltó su nombre como posible candidato a la Presidencia en un momento clave y…¡casi! Se quedó en la orilla. La jugada no cuajó, el padrino tenía bola negra ante el poseedor del dedo decisivo.

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Pero si el Chupitos no se arredró entonces, tampoco lo ha hecho ahora. Maldijo a los pelmazos que según él provocaron la derrota, calculó sus fuerzas y recursos y se lanzó a reconstruir su base política.

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Me lo imagino con un gran puro en los labios, diseñando la “genial” estrategia: “Vamos a darle en toda la ma… a Fox y en seis años regresamos al poder… Nos van a suplicar que volvamos después de que la gente vea el error al elegir a ese vaquero de Guanajuato.”

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El Chupitos confía que la tercera es la vencida y en el 2006 nadie mejor que él, quien nunca se dio por vencido  frente al intruso de origen empresarial y blanquiazul, para encabezar la restauración del partidazo en el poder.

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No se vaya a creer que el Chupitos muestra con tanta transparencia sus intenciones. Por el contrario, fiel a su convicción de hábil comunicador repite incansable en público: “Hay que apoyar al presidente electo, si le va bien a él a México le va bien. ”Pero con sus íntimos, con los leales a la causa de la familia revolucionaria, no esconde la estrategia.

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Por lo pronto ya colocó a sus leales en algunos medios de comunicación. Cobró favores añejos y obtuvo recursos adicionales para que su brazo derecho se vuelva empresario de la información en una revista política cuya misión será criticar a sol y a sombra al futuro Presidente y a su gobierno. “No le vamos a pasar una” cuentan que dijo uno de sus compadres. Tiene identificados los puntos débiles de su adversario. Que la inexperiencia… que las contradicciones verbales… que la vida privada… Todo sirve. Todo vale.

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Si es necesario, el Chupitos ya tiene planeados algunos sofocones que quiere darle al futuro Presidente. Nada en lo que se note la mano que mueve la cuna o al menos que no se pueda probar. Digamos, alborotar por interpósita persona a los beneficiarios del añejo populismo revolucionario, para que protesten, exijan, estorben…

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Digamos, deslizar al oído del colega legislador –por ejemplo, el empresario metido a político bajo los colores del PRI–, que debiera criticar tal o cual propuesta de política económica. Si Fox sube los impuestos, malo porque los sube (“insensibilidad social”). Si Fox los baja, malo porque los baja (“populismo derecha”).

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Vistos desde fuera, los afanes del Chupitos tienen una vertiente divertida como quien observa los desfiguros de un mastodonte atrapado en el lodo, bufando y moviéndose…

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¿Tendrá éxito el Chupitos?

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Lo dudo. La vieja política lo tiene intoxicado, es incapaz de verse con objetividad. Sus triunfos de antaño le impiden ver su incompetencia actual.

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Como tantos otros cree que porque “manejó” a medios y periodistas antaño (mediante el sabido recurso del “pan o palo”) ya se las sabe todas en eso de controlar a la opinión pública. No se detiene a preguntarse por qué no pudo hacerlo a la hora decisiva (digamos en las elecciones del 2 de julio) y además tiene todo un catálogo de pretextos y de pelmazos a quienes culpar de la derrota.

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Dice, confía que las cosas ahora van a ser diferentes. Que ya se deshizo de los tontos que estorbaban. Que ya aprendió la lección. Que esta vez no se la va a ir la liebre… ¿Podrá el Chupitos?

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