Ciudad de la confección. Tejedoras de s

Estados Unidos diseña y produce las telas con las que los industriales de la CC fabrican las prenda
Guadalupe Ramos S.

De estos proyectos, los que quieran tráiganselos”, contestó en 1995 el presidente Ernesto Zedillo a su secretario de Comercio, Herminio Blanco, cuando éste le comentó la idea de Charles Hay es, director general de Guilford Mills –la mayor fabricante de tejido de punto en Estados Unidos–, de edificar en el país la Ciudad de la Confección (CC).

- El propósito de Hayes, además de aprovechar las ventajas arancelarias otorgadas a la industria del vestido por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), era producir prendas en un lugar donde no se escuchara la frase “malas condiciones laborales” –como ocurrió en Asia, con maquiladoras de firmas como Liz Clairbone y Nike–. Y ese lugar, a su juicio, era México, donde, por lo demás, la paridad cambiaria y la disponibilidad de mano de obra barata favorecerían el proyecto.

- La CC se estableció ese mismo año en el estado de Morelos y a la iniciativa de Guilford Mills se sumaron el mexicano Grupo Alfa, fabricante de fibras, y las estadounidenses DuPont y Burlington.

Confección de una ciudad
Con el apoyo de las autoridades federales y estatales, que invirtieron $20 millones de dólares para dotar los servicios públicos y otorgaron subsidios y estímulos fiscales, la CC se hizo con la idea de reunir en un solo espacio a productores de fibras, telas y prendas de vestir, con miras a mejorar la competitividad  de Norteamérica frente a otros grandes productores del mundo, como son las regiones  de Asia y el Lejano Oriente. - La inversión captada por la CC en sus más de cuatro años de vida asciende a $47 millones de dólares. Cada uno de sus fundadores –los siete que invirtieron en su creación (ver cuadro de la página 77)– tiene ya en operación una primera nave, y espera  abrir dos o tres más en los próximos años. El potencial exportador del parque es de $75 millones de dólares anuales, dicen sus promotores; sin embargo, reconocen que falta tiempo para llegar a esa meta.

- “Actualmente se trabaja a menos de 60% de la capacidad instalada del parque –dice Bruce Boren, presidente de la CC–. La producción es aún muy baja.” El directivo atribuye este arranque tibio a la rotación de personal y a la falta de experiencia de los trabajadores, a quienes, asegura, están capacitando. “Creo que el éxito se está haciendo, aunque despacio.”

- La CC no es un proyecto aislado. En 1995 Burlington impulsó en Yecapixtla, también en Morelos, un parque industrial para producir mezclilla, casimir y mezclas de lana –que ahora se emplearán en la CC para confeccionar  prendas de vestir–, y Guilford Mills, que desarrolla en el puerto de Altamira, Tamaulipas, un parque similar para sus telas de tejido de punto, seguirá la misma fórmula.

- La logística de Burlmex, fabricante de pantalones, subsidiaria de Burlington en la CC, es ilustrativa. La producción se programa en Estados Unidos: la matriz aporta tela e insumos, y el diseño de las prendas lo hacen los propios clientes (entre los que se cuenta la cadena JC Penny). La tela llega a las naves de Burlmex en cuatro días –el diseño en cuestión de minutos, pues se envía por medios electrónicos–, y ahí se hacen el corte y la costura; el compromiso es que, dos semanas después de haber  salido la tela de Estados Unidos, los pantalones estén de regreso para su venta.

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- Las razones que Industrias Festival –otra de las firmas fundadoras  de la CC– tiene para estar ahí son distintas. En principio, aseguran sus directivos, el parque les da proyección internacional. Las telas que emplean no son importadas, se producen en Texcoco, pero sí lo son ciertos aditamentos –uno de sus propósitos, como en el resto de las compañías, es que las importaciones sean cada vez menores–. Su lencería la vende en grandes cadenas estadounidenses.

El gobierno de la ciudad
La administración del parque está centralizada. Las empresas fundadoras tienen prioridad en la ocupación de los lotes que se van acondicionando, dice Boren. En el caso en que éstas no los requieran, se abre la opción para que otros fabricantes se establezcan ahí. El reclutamiento de personal también se lleva a cabo centralmente, a modo de homologar los sueldos entre las diferentes compañías. Aunque el ingreso promedio semanal se ubica entre $450 y $500 pesos, considerando compensaciones por destreza y destajo, el sueldo base que se paga en la CC es el salario mínimo, para una jornada regular de 48 horas a la semana. En CC las mujeres son la población preponderante, con 70% del total, y la mayoría sólo tiene estudios de primaria –en el parque opera un sistema abierto, y voluntario, de educación básica–.

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