Cómo revitalizar al país en 1996

Luego de la debacle económica del año pasado, José Giral, ejecutivo y consultor, dice al gobierno
María Josefa Cañal

Por convicción intelectual soy optimista; el pesimismo nace de un razonamiento defectuoso. Mirando el ancho mar de humanidad, es un deber el optimismo.” Aunque estas palabras no fueron pronunciadas por José Giral Barnés, sino por el filósofo español Ortega y Gasset, parecieran resumir la cosmovisión del conocido consultor. Como su tocayo, Giral considera que gracias a los seres humanos se puede mirar con optimismo el futuro del país.

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A continuación, en forma muy extractada, Giral explica los “nuevos paradigmas” en gestión empresarial para revitalizar las empresas durante 1996, a los que ha llegado tras 30 años de laborar como directivo o consultor en empresas grandes, maduras y especializadas.

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Lo que ya no funciona
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Después de revisar las tendencias mundiales, Giral ha llegado a la conclusión de que hacen falta nuevos paradigmas para comprender la realidad, dado el desencanto que se percibe acerca de ciertas técnicas o enfoques, algunos de los cuales sólo han sido modas pasajeras. Así, por ejemplo, la alarmante tendencia a desemplear gente en aras de una mayor productividad, a largo plazo, “¿a dónde nos lleva? Quizás al mundo robotizado que describe Isaac Asimov”.

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Para salir del atolladero, no hay soluciones fáciles y generales, pero es recomendable intentar un esquema más participativo, sugiere Giral. “Como país, tenemos derecho a renegociar. Nos metimos al Tratado de Libre Comercio, pero han cambiado las cosas. No es que reneguemos de nuestros compromisos, sino que debemos replantearlos para llevarlos a cabo de distinta manera”.

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Al decir del consultor, “si analizamos el modelo neoclásico anterior, contra los nuevos paradigmas que se perfilan, no tengo información privilegiada, pero me parece que el gobierno empieza a entender que las reglas no deben ser tan rígidas, y debe intentar una especie de eclecticismo pragmático, tomando un poco de aquí y otro poco de allá. No partir siempre de una ortodoxia pura, como ha ocurrido hasta ahora”.

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Por lo demás, si como nación “no estamos convencidos de que la generación de empleos es una prioridad, vamos por mal camino. Un cierto nivel de proteccionismo es una práctica común de todos las naciones y también es deseable para la nuestra, al igual que los subsidios, aunque no hay que abusar de ellos. El gobierno necesita encontrar la manera de forzar el ahorro interno, que está en el éter (vía recaudación de impuestos, el SAR, los fondos de pensiones, como sea)”.

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Hacia la nueva empresa
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En los países industrializados, el modelo de empresa predominante en los últimos 40 años ha evolucionado: pasando de una dirección que toma las decisiones para que la línea las ejecute, a un trabajo en equipo, donde todos planean y ejecutan; de la optimización de la productividad interna, a maximizar la atención al cliente y entenderlo; de un modelo donde la continuidad es importante, a otro donde el cambio es lo sustancial.

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En México, luego de realizar cerca de 300 asesorías de todo tipo, Giral considera que para lograr el cambio “les tiene que caer el 20 a unos cuantos: los empresarios y ejecutivos, a quienes hay que reeducar”. Así, a través de su seminario -Empresa y Desarrollo, en la Fundación Javier Barros Sierra, les da algunas recetas: cuidar su margen, conocer sus costos reales integrados y sus estructuras de precios; administrar sus flujos de efectivo; cuidar sus inventarios y sus inversiones en modernización y ampliación; especializarse y entender cuáles unidades estratégicas de negocio reforzar; conocer sus mercados; documentar el conocimiento, reconocerlo en la gente y actualizarlo, e incorporar el cambio menor y la mejora continua.

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Como nunca, el empresario debe asociarse: con colegas, para lograr una sinergia; con las grandes firmas, para comercializar y obtener tecnología; con aliados estratégicos; con los financieros, las instituciones de desarrollo, los medios académico y técnico. Además, debe mejorar su competencia, documentar el conocimiento, reconocerlo en la gente, actualizarlo e incorporar el cambio menor y la mejora continua.

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El personal, un activo
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Con cierta frecuencia a Giral le ocurre que el director de una empresa le pide trabajar a solas con él, para que sus ejecutivos no se enteren. “Siempre me niego, aduciendo que es importante lograr la participación de todos. Después (el director) sale de las reuniones entusiasmado con el resultado y le digo: ¿se da cuenta de que estuve callado, quizá intervine para que no se desviara el tema, o hubiera fricción, pero todo surgió de sus colaboradores, que saben mucho?”

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Como empresario, hace falta una conducta ejemplar: “En la medida en que fomentamos el no me des malas noticias, dime que soy bueno e inteligente y que todo lo hago bien, somos los primeros en dar pie a la deshonestidad --asegura Giral-. No le puedo pedir a alguien, por ejemplo, que dé calidad si no tiene calidad de vida, o que brinde un buen servicio si no se siente a gusto en su trabajo. Cuando logramos un cambio cultural en una institución es porque apelamos al orgullo de la gente; el aspecto económico se desgasta pronto”.

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Mientras tanto ¿qué ocurre con la pequeña empresa? Giral cuenta cómo un pequeño fabricante de ropa llevaba 30 años vendiendo una falda de campana azul marino por debajo de la rodilla. No es que fuera tonto, pero ¿para qué se iba a molestar si hasta este año su esquema le funcionó? Claro, de repente, entra la competencia coreana y no vende nada.

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“Hace falta que la gente truene para salir adelante. El desencanto es bueno porque si siempre funciona todo ¿para qué cambiar? En este sentido, la crisis es la mejor bendición que le pudo pasar al país. Es más, hay indicios de que las cosas están cambiando, a pesar de los directivos. La gente exige más de sus jefes, de sus proveedores, de sus clientes. Pero esto lleva tiempo, son procesos lentos. Elijo ser optimista y creo que en las personas está la clave para un futuro mejor”, concluye el experto.

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