Cobre para México

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Cuando Germán Larrea, presidente y director general de Grupo México, lanzó el pasado 24 de septiembre una primera oferta para quedarse con la minera Asarco, insistió en que sería la última. ¿Estrategia de regateo? Larrea hizo otras dos ofertas, y se enfrascó en una verdadera lucha con la minera estadounidense Phelps Dodge por el control de Asarco.

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El forcejeo duró dos meses, y concluyó con Grupo México en poder de esta compañía de la cual ya era accionista minoritario. El precio fue de cerca de $2,180 millones de dólares –de ellos $1,000 millones más en compromisos de deuda–. Es el mayor monto jamás pagado por una empresa mexicana para adquirir una extranjera.

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Algunos expertos se preguntan si la oferta de Grupo México no fue demasiado alta. Pero a Larrea no le quedaba otra alternativa. Meses antes se había enterado de la inminente fusión entre Asarco y la minera Cyprus Amax, lo que traería consigo una feroz competencia. La gota que derramó el vaso fue la noticia de que Phelps Dodge quería devorar a Asarco-Cyprus. Desde entonces, no quitó el dedo del renglón.  Empezó ofreciendo $26 dólares y terminó pagando $29.75 dólares por acción.

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Como quiera que sea, de la noche a la mañana, Grupo México entró a las grandes ligas del mercado de minerales: saltó del noveno al tercer puesto entre las grandes empresas cupríferas, rebasada sólo por Codelco, de Chile, y por Phelps Dodge, que como premio de consolación se quedará con Cyprus Amaxuna.

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