Comercio con Europa

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Mario Rodarte

Los beneficios del libre comercio son patentes: miles de empleos nuevos, mejores salarios, nuevas perspectivas de desarrollo, descentralización de la producción, flujos de inversión y mayor disponibilidad de bienes. Desde la adhesión de México al GATT, ahora OMC, y la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) el flujo comercial se ha sextuplicado.

- Europa es ahora el segundo socio comercial de México, y el flujo de inversión productiva del viejo continente es el segundo mayor. Por ello, el gobierno se abocó a promover un tratado de libre comercio con la Unión Europea.

- Liberar el comercio significa eliminar barreras arancelarias y no arancelarias. Para los agentes productivos, implica no sólo el acceso garantizado a los mercados de su socio, sino un nuevo conjunto de precios, tanto para sus insumos y maquinaria, como para sus productos. Para los consumidores, la apertura implica cambios en los precios de los bienes y mayor disponibilidad de opciones. El ajuste en la estructura de precios propicia cambios en la producción y el consumo, que promueven el uso eficiente de los recursos y mayor bienestar.

- El nuevo tratado significa nuevas opciones para exportar. Se habla de la agricultura, la industria textil y las autopartes como los sectores de mayor potencial ya que sus plazos de desgravación son más cortos; sin embargo, el hecho de que México eliminará aranceles al 47% de sus importaciones y la UE lo hará con 87% de las suyas significa que la demanda de los consumidores jugará un papel importante en los cambios que se avecinan. El precio de los productos no será el único factor clave, sino su calidad y su variedad. Muchas empresas que creían oneroso exportar a Europa por el costo del transporte y el arancel aplicable, verán abiertas nuevas oportunidades. Asimismo, aquellas que se sentían protegidas de la competencia europea por los mismos costos verán eliminada dicha protección.

- Una ventaja comparativa de México es el TLC con Estados Unidos y Canadá, por lo que es previsible que en el corto plazo aumenten los flujos de inversión productiva. En un principio, se puede pensar en plantas maquiladoras que aprovechen el costo de la mano de obra mexicana, pero en el mediano plazo serán plantas manufactureras las que iniciarán operaciones para exportar a Norteamérica, el Cono Sur y de nuevo a Europa. Las inversiones deben ser suficientes para atraer toda la mano de obra que se libere de los sectores que no serán competitivos con la apertura, por lo que no se prevé que el desempleo aumente. Emprender un programa de entrenamiento y favorecer las especialidades de ingeniería en las universidades ayudaría a que esta transición fuera menos dolorosa y aceleraría la absorción de nuevas tecnologías.

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El autor es subdirector del CEESP

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