Como churro para chocolate

Los Hiriarte, siete décadas de tradición panadera española.

Hacía poco menos de un año que el Palacio de Bellas Artes había abierto sus puertas, los boleros se escuchaban en la XEW y Toña la negra era la reina de la radio. Si hoy fuese 1935, detrás de la caja registradora de El Moro se vería a José Hiriarte, fundador de la churrería, y a sus cuatro hermanos atendiendo a la abundante clientela.

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Gente de postín, pregoneros, actrices, presidentes o comerciantes. Todo México estaba presente atrás de una taza de chocolate espumoso y una orden de churros.

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Los Hiriarte eran originarios de Navarra, provincia española de la que la familia emigró al proclamarse la República. El primero en venir a América fue José, quien encontró en el nuevo continente un oficio como panadero.

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Al cabo de unos meses, el negocio paso a tener dos sucursales. Movido por el recuerdo de su tierra, puso una churrería con una pequeña barra para tomar bebidas calientes que desplazaron a las chapatas y los mazapanes.

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“Al vender las panaderías, mandó por sus hermanos para que trabajaran con él. Entre los cuatro, en 1935, abrieron sobre San Juan de Letrán [hoy Eje Central Lázaro Cárdenas] El Moro, la primera y la única churrería en la ciudad de México”, cuenta José Javier Hiriarte, nieto del fundador y gerente general de la empresa.

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Existen dos versiones sobre el nombre de la compañía. La primera cuenta que en una de las panaderías vendían con gran éxito unos mazapanes que se llamaban así y decidieron aprovechar el éxito comercialmente. La segunda, alude al recuerdo de los moros que vendían churros en las romerías de España.

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Aunque se desconoce cuál es la verdadera historia, lo cierto es que desde que colocaron este nombre en el portal, El Moro siempre se ha mantenido abierto.

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“Como el Centro era punto de reunión de la gente, el local siempre estaba lleno: había políticos, artistas de la XEW, poetas y escritores, público en general”, cuenta el ejecutivo.

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En estos 68 años, la churrería ha permanecido como un negocio conservador, a excepción de algunas innovaciones a la carta –churros con canela, malteadas y chocolate frío– y la sustitución del mobiliario.

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Sin embargo, para Hiriarte ha llegado el momento de hacer cambios. “El reto está en el crecimiento. La idea es poner sucursales en otras partes de la ciudad y entrar al servicio a domicilio”, afirma.

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“Esperamos que con la renovación del Centro histórico llegue más gente. Mi abuelo tuvo la buena visión de poner algo novedoso, pero no podemos dejar que el tiempo nos alcance, hay que capitalizar esta idea con el fin de hacerla crecer aún más”, asegura el gerente.

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