Como ser mujer... y no morir en el inten

La educación financiera no debe ser una cuestión de género.
Adina Chelminsky

Empezar una columna con las palabras “igualdad” y “sexos” provoca comentarios muy distintos de cada género: los hombres asumen que es otra queja más sobre la falta de equidad social (bostezo), mientras que las mujeres aseguran que es una discusión inservible, y que después de todo ya están acostumbradas (lágrimas).

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En lo único que ambas facciones están de acuerdo es que deliberar sobre la proverbial guerra de los sexos es un asunto potencialmente peligroso (puede ser causal de dormir en la tina), en donde cada quién se considera la víctima de una batalla ya perdida.

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Sin entrar a un análisis objetivo de los hechos (en estos temas es casi imposible), en las diferencias entre los géneros las mujeres resultan absolutamente perdedoras en un campo: su conocimiento sobre el mundo económico y, como directa consecuencia, el control que pueden tener sobre sus finanzas personales.

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Este analfabetismo no respeta origen, nivel socioeconómico ni educativo. El porcentaje de mujeres que entiende temas financieros, a un grado que les permita tomar decisiones informadas, es infinitamente menor al de hombres. Bajo los parámetros de educación tradicional (tanto en la casa como en la escuela) con los cuales la mayor parte de nosotros fuimos educados, la cultura financiera en general es poca, y el énfasis siempre ha sido marcadamente en favor del varón.

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Este sesgo tiene causas muy variadas; desde las mundanas (“nunca se me ha ocurrido que es algo que necesito saber” o “para qué me sirve conocer de dinero si ni tengo”), pasando por las prácticas (“ya estoy muy vieja para aprender” o “no tengo tiempo”), hasta las  fantásticas (“¿para qué necesito saber de dinero si mi príncipe azul se va a encargar de todo?”) y, principalmente, la ideología de una sociedad que todavía asume que el sexo masculino es mejor para las matemáticas, mientras que el femenino es más afín a las humanidades.

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Lo más triste de todo es que este marco de pensamiento subconsciente es perpetuado tanto por los hombres (“¡es que no van a entender!”) como por las mujeres (“¡es imposible que yo entienda eso!”).

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El saber de temas financieros va mucho más allá de la quema de brasieres y gritos de “liberación femenina”, es un obstáculo real al desarrollo socioeconómico del país.

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Casi una cuarta parte de todos los hogares mexicanos son monoparentales, la gran mayoría de ellos están encabezados por una mujer; su falta de conocimiento financiero las hace a ellas, y a sus dependientes, mucho más propensos a usar de manera inadecuada el crédito, no prever el retiro y no tener seguros médicos y de vida.

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La incredulidad perpetúa el círculo vicioso de pobreza y falta de oportunidades que condena a una gran parte de la población y obstaculiza el desarrollo nacional.

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El tener una sociedad que hable las palabras básicas del idioma financiero es fundamental para poder predicar un desarrollo sustentable; tanto hombres como mujeres deben tener los conocimientos que les permitan vivir en un mundo donde saber ahorrar es casi tan importante como saber escribir. No es una cuestión de quién es el fuerte y quién el débil; la ignorancia nos limita a todos por igual.

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Comentarios a: adinach@infosel.net.mx

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