Con mucho campo por delante

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María José Martínez Vial

Hace algo más de 30 años, un grupo de empresarios dibujó el boceto de la que es hoy La Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural. Se trata, según su actual presidente, Alfonso Urbina, de contribuir  al desarrollo del campo; quizá uno de los espacios más olvidados del país. “Nosotros, como fundación, no pretendemos solucionar el problema de manera integral, pero somos hombres de negocio con conciencia social y entendemos que nuestra aportación puede ser un principio de cambio”, asegura Urbina.

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La idea es acercar la metodología empresarial a los trabajadores. “Nuestra acción va dirigida a las familias campesinas de bajos ingresos, que mediante capacitación y ayuda económica, entre otras cosas, pueden superar su situación”. Son invitadas por la Fundación a reunirse de acuerdo a sus actividades, con lo que forman lo que Urbina denomina “famiempresas” y reciben créditos al tipo de interés comercial. “Lo que hacemos es proporcionar el dinero suficiente para que incrementen su producción”, comenta.

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Guerrero y Oaxaca son estados que todavía no cuentan con el apoyo de la Fundación, pero son ya 15,000 familias las que han recibido ayuda, financiada principalmente por donaciones de empresarios y, más recientemente, por altruistas de todo tipo.

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