Conferencias de prensa

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Ricardo Medina Macias

La idea de que el presidente de México ofreciera conferencias de prensa frente a periodistas locales es muy interesante. Podría acarrear grandes beneficios para la opinión pública, que presumiblemente podría estar mejor informada, y para el propio presidente Ernesto Zedillo que, como lo demostró ante editores de diarios estadounidenses, establece una buena comunicación en esos intercambios libres de preguntas y respuestas.

- Sin embargo, pensándolo más, este mecanismo tendría que tener ciertas reglas especiales en México. El problema no es en este caso el presidente, sino algunos colegas y que parecen verse a si mismos como una de las pocas buenas noticias que hayan conocido.

- Por ejemplo, imaginemos una conferencia presidencial. Para empezar, toma la palabra Paquito Alegre, el conductor de un famoso programa que se transmite por radio y televisión:

- - Señor presidente, yo siempre he considerado que México es un país magnifico, lleno de recursos naturales y de potencialidades por el valor de su gente. Por eso, siempre que platico con jóvenes, yo les digo que amen a su patria, pero no con patrioterismo cursi, sino conociendo su larga historia, de tal suerte que en estos momentos en que México está cambiando, porque está cambiando, y usted es uno de los protagonistas fundamentales de ese cambio, lo supe desde aquél día que tuve la fortuna de entrevistarlo para nuestros micrófonos y que usted me decía: "Mira, Paco, en este país las cosas tienen que cambiar"...(siguen ocho minutos más de prosa cantinflesca, salpicada de elogios y referencias a los chavos mexicanos, esperanza de la patria)... de todas suertes, señor presidente, no cree usted que esto es muy importante?

- - Pues si, Paco.

- El vocero presidencial informa que sólo queda tiempo para un par de preguntas, "breves, por favor, subraya.

- Entra al quite Enrique Ramos Pallón, director de un diario progre:

- - Señor presidente, nuestro, mundo posmoderno, el del falso ocaso de las ideologías, se divide entre el pasmo de optimistas que pecan de mesianismo y la audacia de pesimistas que piden grandes rectificaciones y para  no ser presa de la fatalidad. Si acudimos al soporte de la historia, vemos con nítida claridad que cada día es más avasalladora la arrogancia del imperialismo, apoyado ahora por la supuesta superación de la bipolaridad en el orbe, y que nuestro país, por la fatalidad geográfica, se encuentra entre los objetivos apetecibles para ejercer una dominación tecnológica y cultural. ¿Cuáles son los planes específicos de su gobierno para defender la soberanía de México ante este nuevo y furioso embate de múltiples y lastimeras manifestaciones?

- - Estimado don Enrique, mantenemos inalterables los principios de respeto a la autodeterminación de los pueblos y resolución pacifica de las controversias...

- Es el turno de una periodista-locutora renombrada quien dice:

- - Señor presidente, esto que le voy a preguntar, eh, es muy importante, porque ya sabemos, que como dice el dicho las apariencias engañan, pero no tanto. Parecería, eh, que, este, la violencia política ha aumentado en nuestro país, bueno sólo en apariencia, habría que pensarlo, ¿no?, es interesante, ¿verdad?, pero ya en concreto y para ser breve, eh, lo que yo quería saber es si usted piensa lo mismo o no.

- - Sólo en apariencia, señorita, sólo en apariencia.

- Ante la insistencia de los colegas. la conferencia de prensa se prolonga un poco más y tiene oportunidad de preguntar don Faustino Ruiz del Hondo, director de un viejo diario de circulación nacional:

- - Señor presidente, no cabe duda que la magna obra que usted ha emprendido y por la cual le estaremos eternamente agradecidos lo ubica entre los grandes estadistas no sólo de este siglo sino del siguiente, cuya inminencia toca ya con fuerza frente a nuestras conciencias. ¿Que siente cuando el pueblo mexicano, que nunca regatea el reconocimiento a sus benefactores, sobre todo cuando está orientado por un periodismo nacionalista que no confunde la crítica con la destrucción, ni la denuncia con el alegato altisonante, digo. qué siente cuando el pueblo le brinda su afecto y agradecimiento?

- - Me siento muy halagado, don Faustino, y ello me estimula a servir mejor a mi país.

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- El vocero presidencial agradece a los periodistas su asistencia y el presidente se retira. Tan, tan.

- El autor es egresado de la licenciatura en Comunicación de la Universidad Iberoamericana, periodista especializado en economía y finanzas y director editorial del diario El Economista.

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