Congruencia, por favor

Sólo con una discusión pragmática, alejada de dogmas, será posible encontrar el mejor modelo de

La improductividad es consustancial al Estado interventor. La idea, que - tomamos prestada de Enrique Krauze, documenta claramente el escaso avance que - México ha tenido en capítulos importantes de su vida productiva.

- Hoy se discute en diversos foros la conveniencia o no de abrir la - generación y distribución de la industria eléctrica a la participación de - capitales privados, de casa y extranjeros. Como era de suponerse, muchas - voces se han levantado en contra de la medida, bajo los argumentos, un tanto - desgastados, del nacionalismo y la soberanía. Importa poco, al parecer, que - esos activos “nacionales”, lejos de funcionar con eficiencia, sólo han - servido de botín (político y financiero) de funcionarios en turno, - contratistas allegados y líderes sindicales.

- Hace falta congruencia. ¿En qué nos ha beneficiado, como nación, - mantener un régimen estatal en la industria energética? Francamente, en muy - poco. Y eso aplica no sólo a la industria eléctrica, sino también al - petróleo. ¿O acaso es eficiente importar 27% de las gasolinas cuando - México es uno de los principales productores de crudo en el mundo? ¿O es - lógico que los mexicanos paguemos, hoy por hoy, los hidrocarburos más caros - del continente?

- En el Artículo de Portada de esta edición analizamos los posibles - escenarios futuros del petróleo. El asunto es de vital importancia para el - país, que ha apostado demasiado a las cada vez más limitadas bondades del - oro negro. Independientemente del terrible efecto en la economía de los - bajos precios del crudo, lo que conviene reflexionar es lo siguiente: la - economía mundial funciona mejor con un costo bajo en los energéticos. Es - decir, si bien los frecuentes conflictos en Medio Oriente pueden ocasionar, - en cualquier momento, un disparo al alza en los precios del petróleo, las - tendencias apuntan a mantenerlos a la baja. Asimismo, los avances - tecnológicos promueven la creación de fuentes alternas de energía y la - mayor eficiencia de los equipos de combustión, por lo que la demanda de - hidrocarburos difícilmente volverá a ser superior a la oferta.

- Ante esta realidad, el desarrollo de la industria energética durante el - siglo XXI encontrará serios dilemas. En México, estamos en el momento –un - tanto tardío, como ya es usual– de revisar a fondo las estrategias que - debemos seguir al respecto. Uno: apostar a los ingresos petroleros como una - fuente de financiamiento público es cerrar los ojos a nuestra viabilidad - económica a largo plazo. Dos: mantener estos activos en manos del Estado - implica la inyección de cuantiosos recursos públicos en estas industrias, - hoy por hoy lejanas a los mínimos estándares de modernización para operar - con eficiencia.

- La discusión sobre la propiedad de estos recursos tiene que ser - pragmática, enfocada a soluciones y alejada de dogmas. La rectoría estatal - sobre estos bienes debe mantenerse, pero el modelo debe evolucionar hacia la - participación de empresas que se comprometan a invertir capital de riesgo - tanto en las industrias petrolera y eléctrica. Y si el esquema de 51-49% de - copropiedad estatal-privada en la petroquímica no ha logrado atraer - participantes, debe diseñarse hoy mismo un mecanismo más ventajoso para - ambas partes. Y, por supuesto, deben ponerse sobre la mesa las enormes - deficiencias en los anteriores procesos de privatización llevados a cabo, - con el fin de no repetir los costosos errores del pasado.

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