Créditos bancarios

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Samuel García

En las últimas semanas se han multiplicado los anuncios publicitarios invitando a la clientela a adquirir nuevos créditos bancarios. Líderes como Banamex, Scotiabank-Inverlat y Serfin han desatado campañas para mostrar al público las bondades de su "nueva generación" de servicios -especialmente hipotecarios y automotrices- intentando borrar de sus mentes la amarga experiencia de los años pasados.

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No es para menos. Ahora los banqueros tienen la tarea de hacer que se recupere la confianza que se perdió a raíz de la profunda crisis que vivió la mayoría de sus usuarios, mientras que el financiamiento bancario prácticamente desapareció en México.

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Un dato reciente ilustra bien esta situación: entre los abriles de 2000 y 2001 los créditos que otorgó la banca comercial al sector privado disminuyeron 11% en términos reales, mientras que los destinados a la vivienda cayeron 23%, llegando a un saldo que no supera los $6,800 millones de dólares, monto muy escaso para el tamaño del mercado inmobiliario.

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Cifras como estas revelan que el crecimiento económico que registró el país en los últimos dos años se dio sin el concurso del financiamiento bancario, por dos razones: la quebrantada salud de la banca y el alto nivel de las tasas de interés que simplemente hizo inaccesible cualquier crédito.

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Para fortuna nuestra, ambos factores están desapareciendo. Uno, gracias a la consolidación del sector a partir de la presencia de grandes bancos extranjeros; el otro, por el abatimiento de los riesgos inflacionarios y la instrumentación de una política monetaria menos restrictiva.

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Sin embargo aún persisten obstáculos para consolidar un ciclo positivo. El primero es que la banca tiene el incentivo de obtener suculentas ganancias provenientes de sus créditos al Fobaproa-IPAB. De hecho, más de 40% de los intereses que genera el sector derivan de este origen.

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Un segundo inconveniente es la incitación al incumplimiento que produce el lento avance en materia de Estado de derecho. El tercero es la menor demanda de créditos bancarios causada por la creciente pauperización de la clase media y/o por la desconfianza que provocó la crisis de deudores.

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Lo que queda claro es que el mercado de financiamiento todavía tendrá que librar una dura y decisiva batalla frente a las tendencias perversas que estuvieron floreciendo durante la crisis.

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–El autor es economista y columnista de temas financieros.

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