De güeros y morenos

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Héctor Zagal

Hace unas semanas, esperaba en compañía de un empresario francés a la -puerta de un restaurante muy cuco de Polanco. Era su primera visita a México y -miraba a la gente un poco extrañado. “Oiga –me dijo– me siento en Madrid -o en Roma, aquí no hay indios ni morenos”. Tenía razón, el único moreno en -toda la cuadra era yo. Entramos al local. Cuando los camareros se acercaron para -atendernos, mi socio exclamó. “Ah, ya entiendo, en México los ricos son los -blancos”. ¡Caray! Me tomé mi trago de golpe.

- Aunque era un poco impertinente, el francés no mentía del todo. Cambié -rápidamente de tema. Sin embargo, es verdad: Algo raro pasa en México. Un -vistazo a la tele, a las revistas y a los lugares más exclusivos nos dan la -impresión de que los mexicanos somos escandinavos. Si bien afuera de las -discotecas se afirma que no se le negará la entrada a personas por su -apariencia física, los precios y descuentos se hacen arbitrariamente, en -ocasiones prohibitivamente.

- En México hay discriminación. En mayo de este año, SEDESOL y el Consejo -Nacional para Prevenir la Discriminación realizaron la primera encuesta sobre -discriminación en México y obtuvieron resultados pavorosos. Dos ejemplos: 43% -de los mexicanos opina que los indígenas tendrán siempre una limitación -social por sus características raciales, y 60% de los mexicanos opina que los -pobres son pobres porque no se esfuerzan lo suficiente. El mismo porcentaje -opina que el aspecto de los indígenas no inspira confianza. Según la misma -encuesta, 40% estaría dispuesto a organizarse con otras personas para impedir a -un grupo de indígenas establecerse cerca de su comunidad.

- No es raro leer ofertas de trabajo que piden ‘buena presentación’, un -reconocible eufemismo que significar ser güero o, al menos, ‘no muy feo’. -Una mezcla de racismo y clasismo se cuela en la selección de personal. Las -contrataciones no siempre obedecen a habilidades y experiencias y los ascensos -no siempre se otorgan en función de los méritos y los resultados. La sociedad -mexicana –la empresa es parte de ella– dista de ser abierta. Aún le damos -excesivamente importancia a la ‘presentación’, al apellido, a la ‘presencia’.

- No sorprende que 90.3% de los indígenas sienta que tiene menos oportunidades -para conseguir trabajo. Tres de cada cuatro indígenas consideran que tienen -menos oportunidades para ir a la escuela que el resto de las personas. Para la -mitad de los mexicanos, la reacción más común ante una persona de aspecto -pobre, es el rechazo. El racismo mexicano tiene un tinte clasista. Ser moreno -equivale, usualmente, a ser clasemediero. ¿Quién olvida el afrancesamiento -senil de don Porfirio? En México el dinero blanquea, un poco. Sin embargo, -nadie habla al respecto. La gente se resigna o bien, está de acuerdo, pero en -silencio.

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- El tema incomoda. En las casas ‘bien’ se susurra cuando se habla de la -sirvienta. El primer paso para superar la enfermedad racista es reconocerla.

- Comentarios a: hzagal@yahoo.com.mx

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