De todo como en... ferretería

Un inmigrante alemán fue el pionero de las tiendas departamentales en el país. Su megatienda era e

La primera vez que Roberto Boker, fundador de la casa ferretera más importante del país, viajó a Zacatecas a ofrecer sus productos, la travesía le llevó varios días. Era la época de la Intervención Francesa y aunque entonces los caminos no eran seguros, ese no fue su único viaje.

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En 1865 el emigrante había llegado a tierras mexicanas proveniente de Nueva York, donde había establecido un negocio ferretero. Al iniciar la Guerra Civil estadounidense y observar que la venta empezaba a decaer, decidió probar suerte en México, “un país donde la segunda lengua europea más hablada era el alemán”, cuenta Pedro Boker, quien hoy está al frente de la empresa junto con su hermano Klaus.

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Sólo unos meses después de que Maximiliano de Habsburgo desembarcara en Veracruz como emperador, el empresario levantaba la cortina de su primera ferretería en suelo azteca. En una pequeña tienda, a la que llamó Roberto Boker y Compañía, introdujo los productos que usualmente comercializaba: herramientas de mano, cuchillería y artículos que conocieron en La Gran Manzana, como las máquinas de coser Singer, los carros a vapor Studebaker y las máquinas de escribir Underwood.

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Gracias a la buena marcha en las ventas de estos novedosos artículos y a los efectos publicitarios de El Anunciador Boker (una publicación mensual con un tiro de 40,000 ejemplares), en 1898 los Boker ampliaron el local. En las calles de Coliseo Viejo hasta la esquina de Espíritu Santo, hoy 16 de Septiembre e Isabel la Católica, empezó la construcción de Casa Boker.

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Sólo 16 meses tardó en ponerse en pie una obra que llegó a ser en su momento la más moderna del país. Desarrollada por los creadores de Macy’s en Nueva York, tenía en tres niveles todo tipo de mercancías: desde palas mineras hasta artículos para el hogar. Sin embargo, la falta de costumbre de subir escaleras por parte de los capitalinos hizo que se frustrara la primera tienda departamental de México.

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Durante la Revolución, el local se mantuvo indemne; sólo desaparecieron de la fachada de cantera dos placas de bronce, que se cree acabaron siendo municiones.

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En la década de los 40, a raíz del conflicto bélico con Alemania, Casa Boker fue intervenida por el Estado y sus activos fueron considerados bienes del enemigo.

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“Durante seis años mi padre y mi abuelo no tuvieron trabajo. Aunque el negocio siguió funcionando, bajo la administración del gobierno, cuando les devolvieron la tienda estaba en muy malas condiciones”, cuenta Pedro Boker, responsable del área operativa desde 1966.

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Gracias a un préstamo del Banco Nacional de México, la firma volvió a la carga. Sin embargo, a principios de los 70 muchas de las tiendas del centro empezaron a mudarse. La familia decidió quedarse en la zona que durante más de 100 años le había dado prestigio. En poco tiempo el tráfico de compradores empezó a disminuir y, junto con él, las ventas.

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En 1975, cuando el negocio parecía recuperarse, un incendio destruyó el interior del edificio. Para resurgir de sus cenizas, Casa Boker rentó una parte de sus instalaciones a Sanborns. En los últimos 25 años su apuesta se ha concentrado en las ventas al mayoreo, aunque aún conserva más de 8,000 productos en anaquel.

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En 2001 empezó una nueva época para la legendaria empresa. Casa Boker firmó un contrato de exclusividad con Mundial, una fábrica brasileña de tijeras y líder en el sector, e introdujo una línea especial para zurdos.

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