Decisiones acertadas

El arte de hacer coincidir las acciones con los fines deseados.
Miguel Ramos Hernández

Si revisáramos la situación económica del mercado laboral mexicano nos llevaríamos una menuda sorpresa al contemplar la diferencia de sueldos. Por ejemplo, un director general llega a percibir mensualmente $400,000 pesos mientras que un gerente operativo recibe en el mismo periodo tan sólo $5,000 pesos. La pregunta inmediata es: ¿en qué radican semejantes disparidades? La respuesta, quizá nos suene extraña, está en las decisiones que en cada puesto se toman.

- Existe una ley, casi matemática, que ayuda a clarificar el problema inicial. Es decir, a mayor cercanía con la línea operativa, la toma de decisiones se vuelve más rutinaria o programada; en la medida que el ejecutivo se aproxime a la alta dirección se le demandará tomar decisiones trascendentes no habituales.

- La causa de por qué una posición es mejor cotizada que la otra radica en que las decisiones tradicionales son simples; es fácil prever las consecuencias en comparación con una decisión no rutinaria, tomada desde la alta dirección, cuya resultante es difícil de predecir. No es lo mismo resolver cómo organizar una cuadrilla de obreros, que planificar el lanzamiento de un nuevo producto.

- Las decisiones que soportan el armado de las tripulaciones operativas son casi básicas, dado que resulta predecible el impacto de éstas. En contraste, el comportamiento que el nuevo producto tendrá en el mercado es mucho más difícil de predecir. En pocas palabras, a mayor incertidumbre en la toma de decisiones, la posición ejecutiva se cotizará económicamente más alta. Por ello, hacer una brillante carrera consiste, esencialmente, en demostrar nuestra capacidad para tomar decisiones menos programadas, es decir, de consecuencias menos predecibles.

- El mérito de decidir no radica en la acción en sí misma, sino en hacerlo de forma correcta. Ahora, por decisión acertada entendemos: “El arte de hacer coincidir las acciones con los fines deseados.” Un buen director de ventas es aquel que sabe hacer que sus acciones concuerden con el presupuesto anual de ventas; el buen director de finanzas logra empatar las acciones ideales para alcanzar los indicadores financieros que caracterizan a una empresa económicamente sana.

- Obtener resultados
En las empresas, la cultura dominante es la eficacia; por ende, la obtención de resultados esperados es la prueba de fuego por la que todo candidato al ascenso debe pasar. Se dice fácil: la labor de todo buen directivo es tomar decisiones acertadas; pero en realidad es escasa la gente con capacidad de buen juicio frente a la verdad. Año con año, las empresas invierten considerables sumas de dinero en capacitación y compra de sistemas de información que ayuden a sus ejecutivos a ajustar sus acciones con los fines deseados.

- Al analizar estas herramientas de entrenamiento organizacional, podemos percatamos de que la decisión no es sólo cuestión de estar debidamente informado con respecto a un tema; es preciso estar adecuadamente formado para saber cómo reaccionar ante la información.

- Los distintos modelos que pretenden formar la mente del ejecutivo para tomar decisiones, consisten en enseñarle a pensar frente a una situación específica, y así concluir en las acciones ideales que permitirán mejorar la problemática que aqueja a la organización. A una persona que sabe pensar frente a la realidad se le da el calificativo de objetiva, pues sabe verla tal cual es y evita, lo más posible, que su percepción se contamine con la subjetividad de sus opiniones.

- La cara opuesta a la objetividad es la personalidad subjetiva, que se caracteriza en ir por la vida asumiendo cosas. Tal peculiaridad significa darle a las opiniones el carácter de hechos. Una persona objetiva, insisto, es aquella que frente a la realidad sabe separar hechos de opiniones; es decir, es capaz de distinguir entre lo que realmente ocurrió y lo que cree a través de su percepción subjetiva.

- La incursión de una empresa en un nuevo mercado surge, generalmente, de la opinión de un grupo de personas respecto a las posibilidades de hacer negocios, dichas opiniones, aunque representan un buen punto de partida, no ofrecen información suficientemente madura para adentrarse en inversiones encaminadas a la apertura del novedoso proceso de inversión.

- Confundir las opiniones con los hechos que ofrece la realidad, termina por convertir la mente del ejecutivo en una incubadora de malas decisiones. Una creencia no es descripción fiel de la verdad; por ende, no ofrece elementos de certeza para decidir correctamente. Por ello, debemos investigar, y de esa forma, validar o refutar la idea hasta conseguir una mayor certeza que conduzca a una buena decisión.

- Las inversiones que realizan las empresas en estudios de mercado para conocer el producto a lanzar, y la campaña que debe soportarlo, tienen por finalidad convertir las opiniones en información veraz que los guíe a una buena toma de decisiones.

- El peligro de la subjetividad es generar una situación ficticia  e inexistente. En materia de decisiones empresariales, pocas cosas son tan riesgosas como inventar realidades; apostarle a algo que no existe puede conducir a invertir en un mercado irreal; a dirigir a la empresa con unos márgenes de utilidad fantasiosos y llevarla a la quiebra, por sólo mencionar algunas circunstancias irreales que han terminado por destruir a más de una organización.

- Saber decidir es cuestión de objetividad. Detrás de una buena decisión siempre hay una persona que sabe separar los hechos de las opiniones. Ese tipo de ejecutivo entiende que los sucesos le dan certeza de algo que ocurrió; mientras que las opiniones, ante la incapacidad de ofrecerle la certidumbre que le dan los hechos, deben ser sometidas a una rigurosa investigación y, de esta forma, brindan una imagen más objetiva de la realidad.

- Investigar en lugar de asumir es el privilegio de las mentes maduras que saben tomar decisiones acertadas, sus posibilidades de hacer una brillante carrera profesional son altísimas, y es que finalmente pocas cosas son tan codiciadas por una empresa como una mente objetiva capaz de hacer coincidir las acciones con los fines deseados, cuando se está frente a realidades de gran incertidumbre.

- John B. Watson solía afirmar que la vida es una constante toma de decisiones a través de la cual se construye la existencia del hombre. Decidir objetivamente es construir el futuro desde las bases reales del presente; mientras que la subjetividad pretende edificar el futuro a partir de los cimientos pantanosos y frágiles de una realidad ficticia.

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