Después de la tormenta

Olvidados por los medios, los damnificados de Chalco buscan cómo salir adelante
María José Martínez Vial

Tras una noche tormentosa, casi 1,000 familias de Valle de Chalco e Ixtapaluca amanecieron con las casas inundadas por aguas negras, por el desbordamiento del canal La Compañía. Los medios de comunicación, en especial la televisión, se llenaron de imágenes y testimonios de la tragedia.

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Hay quien piensa que exageraron. También quien desconfía de las versiones oficiales de las causas de la tragedia. La discusión ahora se centra en cómo reconstruir la vida en la zona.

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El gobierno ha distribuido despensas y útiles de construcción, y ha ofrecido $10,000 pesos a las víctimas; pero la ayuda no satisface a todos. “He perdido todo: mi casa y mi negocio  –cuenta Joaquín Castillo Ortega, propietario de una vulcanizadora en la autopista México-Puebla–. Y creo que no nos están ayudando lo suficiente. El gobierno nos ha dado cinco bultos de cemento y un cheque de $10,000 pesos, pero yo con eso no tengo ni para empezar...”

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El primer problema es cómo definir la zona afectada. Las primeras versiones hablaban de 5,000 o 6,000 personas damnificadas (en una población de 300,000). Después, el gobierno del Estado de México informó que las aguas negras habían inundado 976 viviendas y 213 comercios. Y es que mientras las colonias de San Isidro y Avándaro, en el Valle, y las de  Emiliano Zapata y El Molino en Ixtapaluca se han visto afectadas, lugares como el centro de Valle de Chalco se encuentran intactos.

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Los damnificados no siempre han concurrido a los tres albergues oficiales. Sólo se han alojado ahí 212 personas. “Antes que recurrir a ellos, la gente ha ido con los amigos y la familia”, explica el dirigente de una asociación civil, que prefiere el anonimato.

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Como casi siempre, la tragedia puso de relieve la falta de atención médica de las zonas afectadas. En 31 unidades médicas y ocho módulos de salud instalados por la emergencia, se ofrecieron más de 8,900 consultas, en siete días.

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Y aunque la versión oficial indica que ya han sido taponados los huecos del canal, queda el miedo: “Yo me quiero ir de aquí”, comenta Lidia Sánchez Castellanos, quien vio desde una azotea cómo se sumergía su casa.

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