Discretos inútiles

Los emisarios de la pereza se multiplican: ellos descansan, le huyen a la responsabilidad y cobran.
Javier Martínez Staines

La inutilidad puede triunfar mientras se mantenga en la más absoluta discreción. Hoy en día lo importante no es participar, sino pasar lo más desapercibido que se pueda. Ellos hacen como que me pagan, yo hago como que trabajo. No por mucho apurarte llegas más temprano. Para qué hacer hoy lo que puedes hacer mañana. Seamos partidarios inagotables de la ley del mínimo esfuerzo. Que ni me vean, ni me oigan, ni me sientan (pero que me paguen).

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Las anteriores, como puede presuponerse, son las máximas del huevón, siempre presente dentro de cualquier organización, aunque mucho más visible en las entrañables oficinas públicas. Evidentemente, la flojera, para rendir frutos, debe ser acompañada de una extraordinaria dosis de astucia y una buena pizca de cinismo. No importa tanto llegar (crecer, cosechar promociones), sino mantenerse. Le huyen a la responsabilidad para refugiarse en la comodidad. Son los filósofos modernos de la mediocridad, con su toque de escepticismo. De cualquier manera, parecieran decir, la motivación es tan efímera que no vale la pena hacer demasiado esfuerzo para toparse de frente con la frustración. ¡Viva pues la doctrina de la hora-nalga-asiento!

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El desencanto comienza a ser generalizado en muchas culturas. Europa, por supuesto, va a la cabeza. ¿Una muestra?: Buenos días, pereza. Así, con ese título, la provocadora Corinne Maire –economista y psicoanalista francesa de 41 años– se ha convertido en el nuevo gran fenómeno de la contracultura. “Este libro les ayudará a utilizar en su provecho a la empresa que los emplea, a diferencia de lo que ocurría hasta ahora, que era ella la que se aprovechaba de ustedes. Les explicará por qué trabajar lo menos posible redunda en nuestro interés y cómo se puede minar el sistema desde el interior sin que se note.” Con esas líneas, Maire, ex economista de Électricité de France, arranca su libro, que se lanzó al público en mayo pasado en Francia y ya ha vendido arriba de 250,000 ejemplares. Todo un hito para una proclamación cínica que navega entre el ensayo y el panfleto, pero que sin duda es un elogio subversivo a la flojera en el trabajo. Como dice el diario El País acerca de este libro, subtitulado Estrategias para sobrevivir en el trabajo, la propuesta es bastante simple: “Cruzarse de brazos y ser un parásito. El trabajador asalariado, que ya no cree en nada y mucho menos en su empresa, acabará así con todo el sistema”.

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Bendito sea el humor, por supuesto. Pero detrás de toda esta sátira subyace una realidad creciente: las empresas deben reestructurar muchos de sus mecanismos de remuneración, motivación, productividad y sentido de pertenencia. La retórica corporativa tiende a ser cada día más disfuncional: La gente ya no otorga significado alguno a las palabras. La reflexión es más válida que nunca.

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* Javier Martínez Staines es director Editorial de Grupo Editorial Expansión y, por más que lo intenta, no puede descansar mientras trabaja.

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jstaines@expansion.com.mx
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