Doctor Preámbulo

Adivinen en qué área trabajan los ejecutivos a quienes les fascina dejar las cosas para mañana.
Javier Martínez Staines

Conozco a una persona que es un verdadero monumento al prefacio. Estudia con tanto detenimiento cada palabra que comparte que, cuando suelta la frase, resulta ya difícil creerla. Sí, es tan pero tan mesurado, que suele hacer perder la cordura al resto del equipo de management. Sus discursos en las salas de juntas son una eterna introducción al tema; lamentablemente, cuando llega al meollo del asunto, los demás ejecutivos ya están demasiado cansados para ponerle atención.

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Este hombre podría dar un curso magnífico que se titulara “Cómo transmitir en tres horas lo que puedes decir en 15 minutos”. Pero no quiero ser injusto: la verdad es que tiene su encanto. Si modificara de fondo sus hábitos, perdería parte de su sustancia y dejaría de ser ese entrañable personaje dicharachero que le hace parecer refranero de bolsillo o periquito con charanda. Si deseas incorporar un buen popurrí de vocablos domingueros, útiles para las ocasiones en que tienes que impresionar a la audiencia, basta con estar cerca de él. Muy recomendable.

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Me dicen que estas características suelen hallarse dentro de los departamentos de Recursos Humanos de algunas empresas. Podría ser. En todo caso, estas personas combinan características del sector público con las de la iniciativa privada: “Son como gestores de lujo”, me dijo recientemente una amiga, refiriéndose precisamente a los ejecutivos de RH de la organización para la que trabaja.

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Sea como sea, los funcionarios de esta área suelen ser adictos a las cubas con Bacacho blanco y al dominó de los jueves en la noche, en cantinas que sirven generosas porciones de botana. Estas costumbres sociales forman parte ineludible de su ritual semanal.

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Pero lo que destaca, por sobre todas las cosas, es esa peculiar manera de hablar, con tanto rodeo y retruécano. Les fascinan los grandes términos y nadan en los mares de conceptos tan manoseados y ambiguos como el liderazgo, la productividad y la comunicación, al tiempo que se declaran enemigos públicos del aterrizaje hacia decisiones específicas. La planeación es lo suyo (aunque la ejecución sea una monserga). De ahí, quizá, que siempre lleven a sus escritorios una larga lista de “pendientes para olvidar” y sus metáforas favoritas se refieran a “planchar” asuntos. Incluso, ante preguntas concretas, llegan al extremo de responderte “sí” y “no” al mismo tiempo, cosa suficiente para dejarte en un estado de confusión inquietante. Después de todo, su filosofía es “no hagas hoy lo que puedes dejar para mañana”. Hay más tiempo que vida, después de todo.

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* El autor es director editorial de Grupo Expansión y cruza los dedos para que no se ofenda alguien de RH y lo tache de la nómina.
Comentarios: -jstaines@expansion.com.mx

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