Don Porfirio, el mercachifle

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Ricardo Medina

Se supone que uno de los miembros más brillantes del PRD es don Porfirio Muñoz Ledo. Amparado en esa fama, don Porfirio será el líder perredista en la nueva Cámara de Diputados.

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Su “inteligencia” es tan paradójica como el “carisma” de su correligionario, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Son ambas (inteligencia y carisma) tan proverbiales como difíciles de mostrar.

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A principios de agosto, los flamantes legisladores perredistas selectos se reunieron en Tlaxcala para repartirse el pastel legislativo. Por ejemplo, ya anticiparon qué comisiones legislativas aspiran a controlar y hasta aventuraron los nombres de quienes presidirán cada una de ellas.

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En esa reunión don Porfirio dio muestras de su preclara inteligencia y de la elevada noción (así dicen los cursis) que tiene de las tareas legislativas.

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Para muestra un botón: “Necesitamos actuar en congruencia (sic; tal vez “congruencia” sea un nuevo escenario que le hará la competencia al Teatro Blanquita, nota del transcriptor), necesitamos que la gente sepa que los (sic de nuevo; ¿la gente es plural o singular?) estamos defendiendo del agravio que representó el incremento al IVA y que está simbolizado en el gesto de Roque. Tenemos que hacer ese gesto pero al revés”.

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¿Cómo se hace el gesto de Roque al revés? He ahí una incógnita para los estudiosos de la comunicación no verbal.

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Como puede verse, esta es toda una “línea” de trabajo legislativo ejemplar. Don Porfirio “le tiró línea” a sus correligionarios y cosechó, faltaba más, aplausos entusiastas.

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Es difícil saber si los electores que votaron por el PRD pensaron al votar que todo se reducía a bajar la tasa del IVA y propinarle a los priístas “el gesto de Roque” pero al revés. Por otra parte, es materia de discusión si la eventual reducción del IVA es equivalente a que los mexicanos traspasemos el umbral de la felicidad absoluta (lo dudo). Lo cierto es que es sumamente difícil conciliar el concepto de un poder legislativo responsable y al servicio de los ciudadanos, con la imagen de una legión de sujetos haciendo el gesto de Roque, pero al revés.

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La tasa del IVA no es una especie de dogma inamovible o de piedra angular de la salud económica de este país. De hecho, gran parte de los consumos habituales de la inmensa mayoría de los mexicanos ni siquiera están gravados por ese impuesto -(alimentos no procesados, toda la colección de chucherías que se comercian en la economía informal, buena parte de los servicios profesionales que no se facturan de cara al fisco y las huestes de don Porfirio hasta ahora no se han molestado en explicarnos a quiénes y cómo beneficiará la reducción en la tasa del IVA, el porqué de los cinco puntos porcentuales, cómo se compensará la disminución de ingresos fiscales, qué gravámenes sí planean aumentar, qué efectos tendrá esta disminución sobre el ahorro interno, cuáles son las líneas generales de una reforma fiscal integral, quién determinará cuáles consumos si son suntuarios y a qué tasa se gravarán y varios asuntos más que, se supone, serían materia de un trabajo legislativo serio. Por lo pronto, es inevitable quedarse con la impresión de que la proverbial “inteligencia” de don Porfirio se ha esfumado, y ha quedado reducida a una retórica de mercachifle político: “Pásele por aquí, marchante, aproveche, grandes descuentos de temporada, IVA al 10%, aumento salarial de 5%, nadie vende más barato que don Porfirio”.

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Sin embargo, don Porfirio parece tener “razones de altura” para hablar y actuar de esta manera. En la misma reunión lo mostró. Cuenta Miguel Ángel Juárez, reportero del diario Reforma, que don Porfirio, “en lo que fue el discurso más aplaudido y comentado del Seminario de Capacitación Legislativa..., con su característico sarcasmo dijo en tono enérgico que el incremento del IVA que aprobó el PRI es la daga en el cuello de los funcionarios y de la política neoliberal.”

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Y cita Juárez, el reportero, a don Porfirio, el tribuno: “El incremento del impuesto al valor agregado es la navaja clavada, tienen la daga en el cuello y tenemos que enterrársela, nada les duele más que eso.”

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Ahí está claro, y a la luz del sol (desde luego) el elevado propósito que anima a don Porfirio: clavarle la daga en el cuello a los priístas. No cabe duda que ésta sí es “política de altura”, otra cosa sería si la metafórica daga estuviese clavada en el vientre de los enemigos de don Porfirio.

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