Don Roque, los huesitos y Lozano

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Ricardo Medina

No lo sé de cierto, pero me han contado (la referencia es un ensayo de Gabriel Zaid, “Escenarios sobre el fin del PRI”) que existía un personaje de una tira cómica, ¿argentina?, llamado don Roque. En una ocasión don Roque se propuso comprobar si efectivamente los discos irrompibles que anunciaban eran tales, irrompibles. Se subió a una silla y dejó caer desde lo alto un disco de los “irrompibles”... no se rompió; trepó la silla sobre una mesa y, él sobre la silla, de nueva cuenta dejó caer el disco... y no se rompió. Insistió don Roque y no recuerdo si a fuerza de pisotones o de arrojar el disco contra la pared consiguió lo que imposible parecía: el disco se rompió.

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Me he acordado del don Roque necio de esa anécdota al pensar en nuestro don Roque local. Sospecho que alguien le dijo que no se avergonzara de ser priísta, un buen consejo después de todo, y que él tradujo la sugerencia a ser soez, arrogante, torpe y hablador. Más tarde, alguien le dijo que no rebajara el tono de su discurso a la chabacanería y él entendió que debía adjetivar sus zafios comentarios como “reflexiones ideológicas”. Total, un desastre. Recuerde, don Roque, que los discos irrompibles llegan a romperse.

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Y mientras don Roque confundía el fascismo con las botas vaqueras y gesticulaba a diestra y siniestra (ya se sabe, don Roque -dixit, que la diestra es fascista y la siniestra dictatorial), se descubría que los huesitos de la finca de Raúl Salinas eran un fraude de la bruja doña Paca con cargo al erario, un par de milloncejos de pesos si mal no recuerdo. En el trance, el ex procurador Antonio Lozano Gracia le hizo un flaquísimo favor a su partido. Nadie duda de su honestidad; el problema, don Antonio, es de eficacia e inteligencia. Que los señores del PRI aprovechen el fraude de los huesitos para desacreditar al procurador panista es natural. El problema es que algunos panistas despistados confundan las cosas y embarquen a su partido en la defensa a ultranza de un correligionario que resultó inepto, por decir lo menos. Que Lozano no se mandaba solo es otro asunto y ahora los huesitos del consuegro de la bruja son un incómodo paquete que se encargan unos a otros.

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La trama es tan inverosímil que no sirve ni para una telenovela. Si alguien calcula que sacará provecho de esta vergüenza judicial y política está haciendo mal sus cuentas. El caso de los huesitos falsos es, como dicen los abogados de las compañías de seguros, un caso de pérdida total. Eso sí, el señor Chapa, fabulador, mitómano o lo que fuere, necesita de un buen tratamiento psiquiátrico y un mejor castigo.

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Y así navegamos, como en una suerte de realidad virtual sutilmente envenenada, en este año electoral. Entre don Roque y su pandilla, huesitos falsos, fiscales lunáticos o perversos, procuradores ingenuos o tontos, abusados que pretenden sacar partido del río revuelto. El milagro es que -business as usual; es decir, que la economía sobrevive a todos estos enredos del realismo mágico y que la recuperación empieza a tomar forma. Menos mal.

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