Duxx <br>Pensamiento global, acción Loc

Los líderes no nacen, se hacen. A tono con esta máxima, Alfonso Romo echó a andar una escuela d

Verdad de perogrullo en los albores del siglo XXI: en este país hay un grave déficit de líderes. Si bien la connotación casi siempre se interpreta por el lado de la dirigencia política, es igualmente cierto que, parafraseando a Gabriel Zaid, “hacen falta empresarios creadores de empresarios”.

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Pero los líderes no se inventan; acaso sólo se forjan. Eso parece saberlo bien Alfonso Romo Garza, presidente de Pulsar Internacional, quien se siente corresponsable en la tarea de formar “mexicanos que piensen” en el ámbito de los negocios. Y su idea es ya una realidad de nombre rimbombante: Duxx, Escuela de Graduados en Liderazgo Empresarial, que abrió sus puertas hace poco más de un año en Monterrey y ya dio sus primeros frutos: una generación de 25 jóvenes que se graduaron el 30 de agosto pasado.

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“La escuela está abocada al entrenamiento de los líderes de negocios del futuro —señaló Romo, padrino de esta primera ‘camada’, en la ceremonia de graduación—. Ustedes están aquí porque México necesita líderes responsables y Duxx ha nacido como un medio para ayudarles a enfrentar este reto con éxito.”

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El vocablo latino Duxx significa (¿qué otra cosa podría ser?) líder. Pero, ¿qué es lo que hace distinta de otras a esta institución con tan altas pretensiones? Sin duda, la selección de profesores y estudiantes es singular: a los primeros se les recluta de las mejores universidades (“se encuentren donde se encuentren”, asegura Romo) del mundo y se les trae alrededor de un mes a Monterrey, donde viven en estrecho contacto con los estudiantes. Es decir, matrícula y profesor son los mismos durante cuatro semanas, y el esquema se repite a lo largo de todo un año.

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La selección de estudiantes se hace, asimismo, de una manera escrupulosa, a decir de Erick Jurgensen, rector de Duxx. De los más de 500 jóvenes que postularon para ingresar a la institución, sólo 25 encontraron sitio. Los requisitos de admisión no están pensados para los “chicos de los dieces”, sino orientados más bien a la identificación de “gente sobresaliente, con un amplio historial académico y cultural, que posean cualidades de liderazgo”. Ahí está otra vez la palabrita mágica. La pregunta es cómo encontrar estas características en los estudiantes potenciales. El Comité de Admisión —dice Jurgensen— considera fundamentalmente rasgos personales, como nivel de madurez, creatividad, aptitud para el aprendizaje intensivo, habilidades interpersonales y de servicio a la sociedad. Para detectar las aptitudes y habilidades del candidato, se analizan su historial académico y sus recomendaciones, además de practicársele exámenes estandarizados. Los candidatos deben contar con una licenciatura y dominar el idioma inglés. “El potencial de liderazgo, demostrado con logros, experiencias de trabajo, actividades voluntarias y referencias, es el criterio más importante.”

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El doctor Carlo Brumat, director académico de Duxx, manifiesta que el instituto tiene un método único para la enseñanza, puesto que no solo enseña tópicos gerenciales, sino que “prepara para el liderazgo en su sentido más amplio. Considerando que los ‘hábitos del corazón’ de la gente son tan esenciales como los criterios prácticos, Duxx enfatiza esto no sólo en la etapa de selección de los estudiantes, sino en el programa académico y en las actividades extracurriculares”. ¿A qué se refiere Brumat con ese romántico y tan poco terrenal concepto de “hábitos del corazón”? Responde: “Una mezcla de elementos intelectuales, de voluntad y de -conciencia. Se trata de integridad y de habilidad para basar y desarrollar las relaciones personales en la confianza, la perseverancia y el entusiasmo”.

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El poder y la sabiduría
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Los profesores de Duxx parten del supuesto de que, en todo el mundo, los negocios están, inevitablemente, más integrados a la sociedad en su conjunto y apuntando a una mayor responsabilidad hacia las comunidades en los que operan.

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Trasladado a México, esto significaría que los hombres de negocios mexicanos estarían más en contacto con la sociedad que con los hermanos de los presidentes, que dejarían más ganancias en su comunidades y no en comisiones a funcionarios públicos.

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Como dice Brumat, “estas tendencias significan que los empresarios del mañana no sólo necesitan administrar sus compañías, sino ser capaces de mantener e incrementar la legitimidad y la justicia. Si no, no hay forma de que los líderes lleven a sus compañías a desempeñar un mayor rol social”.

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A fin de cuentas, no hay empresario que no tenga ganas de destacar. Y un primer paso necesario (¿cuántos realmente piensan en esto?) es aprender a razonar, a discutir y a persuadir, “a no engañarse a sí mismos ni dejarse engañar por los demás”, añade Jurgensen. “Sobre todo, deben aprender a utilizar el poder en servicio de fines humanos racionales. El poder sin sabiduría es profundamente destructivo.”

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¿Alusiones a conocidos “líderes” mexicanos de los últimos sexenios? Interprétese como sea, pero el folleto promocional de Duxx deja muy clara su posición: “Los verdaderos líderes no son sólo tecnócratas listos; son gente de principios”.

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Todo suena bien, pero el camino de esta institución apenas se comienza a dibujar. ¿Con qué salen realmente los estudiantes tras un año de lecciones intensas? Los encargados de Duxx responden: “Desarrollan una visión profunda y realista de su propia cultura, tolerancia y una saludable curiosidad y respeto sobre asuntos del extranjero. No nos suscribimos a un concepto de cosmopolitismo abstracto en el que la gente es indiferente a sus raíces. Creemos que los líderes deben pensar globalmente y actuar localmente”.

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