El 3 de julio

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Sergio Sarmiento

No hay duda de que el 2 de julio viviremos un proceso electoral de enorme trascendencia. Pero quizá más importante será el 3 de julio. La reacción de las fuerzas políticas bien puede marcar el curso futuro de nuestro país.

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Las encuestas sugieren que puede ganar tanto el priísta Francisco Labastida como Vicente Fox de la Alianza por el Cambio. Pero en ambos casos el margen de victoria sería muy pequeño.

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En varias conversaciones con inversionistas extranjeros me ha quedado claro que, contra lo que supone mucha gente, es el triunfo de Labastida el que preocupa y no el de Fox. La mayor parte de los inversionistas están convencidos de que Labastida, en caso de perder, reconocerá con prontitud el triunfo de su rival. Poco importará el margen de la derrota. El problema es que Fox difícilmente ofrecerá ese mismo y resignado reconocimiento en caso de perder la votación. Fox ya ha dicho que no reconocerá una derrota de menos de 10 puntos porcentuales. Lo más  lógico, sin embargo, es que el margen sea mucho menor, lo que abriría las puertas a protestas y quizá a la desobediencia civil.

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A los inversionistas no les preocupa mayormente la posibilidad de un triunfo de Fox. Ven en él a un político que ha sido empresario y ejecutivo, que ha tenido que pagar impuestos, lidiar con el Seguro Social y pagar una nómina, por lo que entiende los problemas de la iniciativa privada. Encuentran además que, a pesar de su lenguaje y desplantes irresponsables durante la campaña, Fox fue un gobernador razonablemente eficaz en Guanajuato. Si bien los escépticos dicen que no es lo mismo gobernar Guanajuato que el país, la verdad es que casi ningún cargo público da la experiencia necesaria para ser presidente.

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En Labastida los inversionistas ven a un político que les ofrece la seguridad de la continuidad. Es alguien, en efecto, que tiene experiencia como gobernador y como secretario de Estado en tres distintas responsabilidades y que continuaría muchas de las políticas prudentes del presidente Ernesto Zedillo. Pero muchos inversionistas piensan que el problema más riesgoso de México en este momento no es el de tener a un mejor o peor administrador en la Presidencia sino el de dar paso a la alternancia de partidos en el poder, la cual es parte sustancial de cualquier democracia. México parece tener pendiente la asignatura de la alternancia y no habrá completado su maduración política hasta que haya conocido ese proceso.

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Fox sabe que, en caso de perder, cualquier protesta que realice tendrá alguna credibilidad por la historia de fraudes electorales de nuestro país. De ahí que su amenaza de no reconocer una derrota por estrecho margen se ha convertido en fuente real de preocupación.

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