El ahorro en México

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Alejandro Villagómez

El gobierno ha venido insistiendo en la importancia del ahorro interno para garantizar un crecimiento económico sostenido. El Plan Nacional de Desarrollo planteó como punto central la necesidad de incrementar este ahorro en al menos seis puntos porcentuales del PIB para el año 2000. La idea básica detrás de esta preocupación es que el ahorro determina la tasa de financiamiento de la inversión, y ésta a su vez es determinante del crecimiento económico en el largo plazo. Si bien es cierto que esta aseveración no es unánime entre todos los economistas, quienes aún discuten la causalidad entre ahorro, inversión y crecimiento, no puede negarse que empíricamente se ha observado un círculo virtuoso entre dichas variables durante importantes fases de crecimiento económico en diversos países, como ha sido el caso de Chile o de los países del sudeste asiático. Incluso en México, durante los años del Desarrollo Estabilizador, en la década de los 60, el alto y sostenido crecimiento económico estuvo acompañado por un aumento en las tasas de ahorro del país. De aquí la importancia de implementar políticas que promuevan este ahorro, sin soslayar la necesidad de considerar simultáneamente políticas de promoción a la inversión.

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El ahorro total de una economía tiene un componente externo y otro interno. El primero se deriva de los flujos de recursos del exterior hacia nuestro país, mientras que el segundo corresponde al ahorro generado por el sector público y por el sector privado (empresas y familias). Debido a que el ahorro externo tiende a ser mucho más volátil e incierto, resulta delicado que el financiamiento del crecimiento dependa de este componente, como quedó demostrado durante la crisis en diciembre de 1994, cuando se dio una importante salida de capitales. Debe recordarse que entre 1988 y 1994, el ahorro interno disminuyó de cerca de 20% del PIB a cerca de 7% ese último año, y para 1995 representaba tan sólo medio punto porcentual. El esfuerzo a realizar debe centrarse en la generación de suficientes recursos internos. Para 1998 se estima que el ahorro interno recobró su nivel de 1988, mientras que el ahorro externo se acercó a 4% del PIB. Mantener finanzas públicas sanas permite mantener tasas adecuadas de ahorro público. Por otro lado, es necesario generar incentivos adecuados que estimulen el ahorro privado. En los últimos años se ha avanzado en este sentido, siendo la reforma al sistema de pensiones un ejemplo destacado. Sin embargo, como requisito para dichos objetivos se requiere de estabilidad macroeconómica, y es fundamental que se solucionen los problemas actuales del sistema financiero.

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Para que se formulen políticas efectivas que impulsen el ahorro es necesario tener un mejor conocimiento sobre cómo se determina y cómo evoluciona el ahorro. En este sentido, la revista Economía Mexicana del CIDE, dedica su número más reciente a presentar un conjunto de estudios realizados por expertos nacionales e internacionales, en donde se analizan diversos aspectos macroeconómicos y microeconómicos del ahorro en México. Con esto se busca contribuir al conocimiento del ahorro y al diseño de políticas para aumentarlo.

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El autor es profesor investigador de la División de Economía del CIDE

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