El año de la ansiada restauración

Al unísono, las productoras de cemento confiesan su deseo para este año: vender tanto como en 1994
Yolanda Ruiz

La industria cementera mexicana se ha impuesto un objetivo preciso para el 2000: recuperar los volúmenes de venta que le hizo perder la crisis hace cinco años. Los pasos dados en el último periodo van en esa dirección. Si bien los incrementos no han sido espectaculares, la tendencia parece consistente: en 1998 se vendieron 27.5 millones de toneladas y, según cálculos preliminares, en 1999 fueron 28.3 millones. Ello la coloca a sólo un paso de la meta: los 28.8 millones vendidos en 1994.

- Fuera de esa aspiración, las compañías de este sector tienen poco en común. Al lado del oligopolio que conforman Cemex y Apasco, que controla más de 75% del mercado mexicano, otras cuatro empresas complementan la oferta nacional : Cementos Chihuahua, Cruz Azul, Corporación Moctezuma y Cementos Blancos Portland.

- Entre las seis suman una capacidad instalada de 43 millones de toneladas en 32 plantas diseminadas en el territorio nacional. Al frente de ellas está Cemex, una firma mexicana con presencia internacional, seguida por Apasco, filial de la número uno en el mundo: Holderbank, y de más lejos, por Grupo Cementos Chihuahua (GCC), una empresa regional con ventas cercanas a $600 millones de pesos.

- De tamaño intermedio, Cementos Cruz Azul (CCA), con 14% del mercado local, es una de las pocas compañías organizadas como cooperativas que han sabido defenderse. Sus directivos son reacios a conceder información sobre las operaciones de la empresa, sin embargo han expresado que este año es clave en su programa de expansión, que implica la modernización de sus plantas en Oaxaca e Hidalgo y la culminación de su nueva planta en Aguascalientes.

- Parte de la fortaleza de las cementeras deben agradecerlo a la demanda doméstica, que consume 65% de la producción nacional. Pero las exportaciones también juegan un papel relevante, aun para las compañías más modestas.

- GCC ha orientado su crecimiento al norte de las fronteras nacionales, para “no depender de la economía de un solo país –dice su director general, Manuel Milán–. Nuestra nueva participación de mercado ha estado en Estados Unidos, donde hemos crecido más que en México.” La internacionalización de GCC, en la que Cemex tiene una participación accionaria de 36.3%, inició en 1994, en Estados Unidos, con la inauguración de una planta en Nuevo México, con capacidad para producir 450,000 toneladas. Dados los buenos resultados –sus exportaciones a ese país pasaron de representar 6% de su ventas totales a 56%– proyectan abrir en el año 2002 una planta en Colorado.

- Para Apasco, la internacionalización es otra cosa. En 1997 y 1998 dio inicio a su plan de expansión fuera de México con la compra de dos compañías centroamericanas, Cementos del Norte de Honduras y Cementos El Salvador. “El grupo Holderbank tiene un enfoque muy marcado de descentralización, de asociación con inversionistas locales”, dice Pierre Froidevaux, director general de Apasco, en respuesta a los analistas que señalan que el grupo suizo no da a la filial mexicana el margen de maniobra para decidir su expansión y crecimiento.

Salida de emergencia - Este salto a los mercados foráneos no es sólo una cuestión de fortaleza. Muestra, de hecho, un punto vulnerable de la industria: las cementeras no son inmunes a las crisis de la economía, sobre todo cuando derrumban la actividad de la construcción, como ocurrió en 1995. Las ventas de cemento bajaron entre 25% y 30% ese año.

- La caída pudo ser mayor, calculan los productores, de no haber sido por la autoconstrucción, a la que habían prestado escasa atención. El alto número de matrimonios que se registran cada año en México y el bajo precio de la mano de obra, sumado a la costumbre en los estratos medios y de bajos recursos de construir su casa por su cuenta y de manera paulatina, mantuvo la demanda doméstica en niveles aceptables. Se calcula que 80% del cemento que se consume en el país se compra en sacos (un contraste con la compra a granel que impera en otros países).

- La reacción más sobresaliente a este fenómeno la tuvo Apasco. En las tiendas de materiales donde las familias compran lo necesario para levantar su vivienda, esta firma instaló edificaciones con el objeto de asesorarlos sobre la mejor manera de construir a menor costo. Estableció 113 de estos centros denominados Mi casa, donde los clientes y los albañiles contratados por ellos pueden aprender a trazar los planos de la futura casa, o hacer una instalación eléctrica, etcétera. De acuerdo con Froidevaux, 82% de los centros participantes en el proyecto aumentaron sus ventas de cemento de forma notoria.

- Apasco y Cemex echan mano de varios recursos a la vez, en lo cual es fundamental su capacidad tecnológica y de distribución. “Apasco establece contratos por proyecto –dice Mónica Lourdes, especialista en temas de construcción de Valores Finamex–. Fue el proveedor oficial de Tribasa para la construcción de la carretera México-Querétaro”. En tanto que Cemex, por ejemplo, “tiene un contrato con Corporación Geo (líder en la construcción de vivienda de interés social) para abastecer concreto a pie de obra.”

- La capacidad de producción de estas firmas hace no sólo posible, sino “bastante natural que hagan contratos con estos consumidores institucionales, para asegurar un precio y un flujo de producción y poder programarla –agrega Lourdes–. Los pequeños no tienen la logística y el sistema de distribución para competir con los grandes en la búsqueda del cliente institucional”.

La fuerza está en casa - Aunque limitado, el mercado local ha resultado ser el más sólido para las cementeras que las exportaciones. Apasco, precisamente, ha reducido gradualmente sus cuotas de exportación debido a la inestabilidad de los mercados externos. De representar 10% de su producción en 1998, las exportaciones cayeron a 6% al año siguiente. La crisis en Asia la hizo desistir de sus planes de penetración en ese lejano continente y reorientar la mira hacia Centro y Sudamérica.

- El arancel impuesto en 1990 por autoridades estadounidenses es otro obstáculo.

- Tras la acusación de empresas de la Unión Americana en el sentido de que las firmas mexicanas vendían su producto por debajo de las precios de mercado, gracias a supuestos subsidios otorgados por el gobierno de su país, se impuso al cemento mexicano tasas compensatorias que van de 36 a 120%. Como consecuencia, las exportaciones de cemento a Estados Unidos alcanzan apenas 10% de la oferta total nacional, según calcula Javier Prieto, presidente de la Cámara Nacional de Cemento (CNC), mientras que antes de ser tomada la medida representaban 20%.

- “Es ridículo que la industria estadounidense –cuestiona Prieto– esté importando 20 millones de toneladas de cemento de países como Dinamarca, Turquía, Grecia, Tailandia, cuando tiene un vecino que se dice socio y tiene la capacidad para cubrir parte de esa demanda.”

- Desde el pasado mes de agosto, el tema se discute en la Organización Mundial de Cemento. De terminarse la sanción, las exportaciones mexicanas podrían mostrar un repunte, aunque no sería espectacular, prevé Milán, quien añade que para GCC significaría dejar de pagar los $10 millones de dólares del referido impuesto.

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- Apasco es uno de los más afectados por la sanción. “Antes exportábamos a Estados Unidos, pero después del impuesto, aunque hemos estudiado la forma de hacerlo, no ha sido posible”, dice Froidevaux. La subsidiaria de Holdarbank en dicha nación y Apasco han buscado la manera de colaborar en el abastecimiento de ese mercado sin que hasta ahora hayan alcanzado buenos resultados, reconoce el directivo.

- Con todo, los tratados comerciales tienen un significado especial para las cementeras. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) trajo mayor dinamismo industrial, comercial y de infraestructura, de manera especial en la frontera norte, y la expectativa es que el acuerdo con Europa tenga efectos similares.

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