El banco mexicano... de Chicago

Organiza bailes y abre ventanillas cuando todos las reducen. Algunas de sus ideas las imita hasta Ci
Sam Quinones

Second Federal Savings es un banco muy pequeño. Ubicado en Chicago, Illinois, en los mástiles de sus sucursales no ondea la bandera estadounidense, sino la mexicana. Tan curiosa puede parecer su historia a los lectores –una de sus oficinas ocupa la vieja sede de operaciones del famoso gangster Al Capone– como milagrosa para los mojados que fueron a buscar trabajo al norte, porque la institución les permitió tener un lugar en el sistema financiero y un importante ahorro en los costos de envío de remesas.

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Todo nació de una iniciativa de la Coalición Internacional de Mexicanos en el Exterior (CIME) que la firma respaldó, toda vez que desde hacía algún tiempo cavilaba sobre cómo reducir lo que los inmigrantes nacionales indocumentados pagaban para hacerles llegar dinero a sus familias.

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Usualmente, aquéllos confiaban en los giros electrónicos, cuyo costo es hoy de $20 dólares o más por cada $300 que se envían (casi siempre es mayor a 10%). Como no tienen un número de seguro social en Estados Unidos, tampoco podían abrir cuentas bancarias en ese país. Así, de los $9,300 millones de dólares que enviaron a México en 2001, alrededor de $1,800 millones se fueron a cargos de servicio y comisiones de envío.

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Un grupo local de inmigrantes miembros de CIME se dio cuenta de que podía haber una alternativa. Por un lado, observó, el consulado mexicano estaba entregando a sus connacionales nuevas matrículas con fotografía, que servían a manera de identificación. Por otro, recordó que desde 1996 existía el número de identificación de contribuyente individual para extranjeros (conocido por sus siglas en inglés como ITIN), disponible para cualquier inmigrante que trabaje en la unión americana, sin importar su estatus legal.

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¿Por qué no –se preguntó CIME– conseguir que un banco aceptara las dos formas de identificación para que los inmigrantes ilegales abrieran una cuenta? Para cuando los miembros de la Coalición visitaron el Second Federal Savings, ya 10 bancos los habían rechazado. “Ellos no creían en los clientes sin papeles legales”, acusa Juan Matus, uno de los activistas de CIME.

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En cambio, el pequeño banco de Chicago estuvo de acuerdo. En marzo de 2001 emitió su tarjeta Amigo, una cuenta bancaria para cualquier persona que cuente con ambos documentos: el ITIN y la matrícula consular. Incluye dos plásticos para cajeros automáticos: uno para el cuentahabiente, pensado para un inmigrante ilegal, y otro para ser enviado a su familia, del lado opuesto de la frontera. Por cada retiro mayor de $400 dólares realizado en México, el cargo es de $3 dólares, es decir, sólo 0.75%.

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Aunque numerosos migrantes legales han utilizado tarjetas múltiples para cajeros automáticos durante años, antes del Second Federal nadie había encontrado la forma de que los ilegales abrieran cuentas bancarias en Estados Unidos.

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El resto de los bancos pequeños de Chicago observaron de cerca al Second durante varios meses, y luego siguieron su ejemplo. El consulado de México en esa cuidad contrató a Matus para fomentar la idea entre instituciones de mayor talla. “Me dijeron que saliera a tocar las puertas [de los bancos] –recuerda el representante–. Ahora es al contrario: no salgo de mi oficina, ellos vienen aquí.” En muy poco tiempo, Second Federal estaba recibiendo llamadas de bancos de todo el país.

En noviembre de 2001, Wells Fargo de California anunció que reconocería los dos tipos de identificación para la apertura de cuentas y montó una campaña publicitaria dirigida a los inmigrantes ilegales. Recientemente la corporación informó que había otorgado contratos con ese esquema a más de 30,000 nuevos clientes.

Desde entonces, la idea promovida por la minúscula institución bancaria ha causado revuelo entre sus hermanas mayores, además de abrir un nuevo y vasto mercado.

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Un pedacito de México
Las oficinas corporativas de Second Federal se localizan en la Calle 26 y Avenida Pulaski, una esquina de la zona que se conoce como Little Village o La Villita –el corazón del Chicago mexicano–. Cada año la firma organiza una posada navideña en cuatro de sus sucursales y a menudo sus estacionamientos sirven de recinto para las ferias de los inmigrantes nacionales.

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La corporación fue fundada en 1882 por un grupo de hombres de negocios de Checoslovaquia y Polonia y creció financiando a generaciones de inmigrantes de esos países para la compra de casas, mientras el barrio se convertía en uno de los principales enclaves de Europa del este en Estados Unidos. Durante decenios, todos sus cajeros hablaban checo, polaco y lituano, además de inglés; ahora hablan español.

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Para finales de los años 60, la mayoría de los europeos orientales se mudaron a los suburbios. Los negocios en la Calle 26 empezaron a cerrar y el área se convirtió en un pueblo fantasma.

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En los 70, los bancos de la zona siguieron a sus clientes a los suburbios o fueron vendidos; sólo Second Federal permaneció ahí. En lugar de los europeos orientales llegaron inmigrantes mexicanos, que encontraron las viviendas baratas y a su gusto. Así, hacia mediados de los 80, Little Village se convirtió en La Villita, y para la década siguiente la depresión económica de la Calle 26 empezó a desvanecerse, sostenida por lo que gastaban los nuevos moradores.

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En 1990, Mark Doyle, un irlandés-estadounidense, fue nombrado presidente del banco. Su español aún es torpe, pero muchos de sus amigos son mexicanos. Pronto se casará con una conacional y viaja con frecuencia al sur de la frontera. Quiere abrir una sucursal de Second Federal en Guadalajara. Sobre su escritorio están las banderas de México y Estados Unidos, una placa de reconocimiento del presidente Vicente Fox y un libro: 501 verbos en español.

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“Lo que me gustó del negocio fue el elemento urbano –dice–. Vengan a la Calle 26, es casi como ir a la ciudad de México. Se escucha la estación de radio La Ley, mariachi, banda, música en las calles y gente vendiendo paletas. Es un ambiente muy festivo.”

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En 1992 Doyle delineó para la firma una nueva política oficial: buscar activamente clientes mexicanos y volverse una presencia dentro de su comunidad. El banco comenzó a patrocinar conciertos y bailes del país, a permitir que ferias de salud y grupos de inmigrantes utilizaran su estacionamiento los fines de semana, y a abrir los domingos debido a que muchos de sus clientes trabajaban los sábados.

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El directivo se dio cuenta de que muchos de sus competidores no confiaban en los mexicanos. Second Federal, en cambio, los atrajo ofreciéndoles servicios gratuitos. Los cuentahabientes pueden hacer sus pagos de teléfono, gas y luz en sus sucursales sin ningún cargo.

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La institución cerró dos filiales en barrios anglosajones de clase media y abrió una nueva en el cercano pueblo de Cicero, famoso por haber sido alguna vez el centro de operaciones de Al Capone (la sucursal está en el 4811 de la calle Cermak Road, la misma dirección donde el mafioso tenía el club nocturno de peor reputación en los años 20).

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Por entonces el poblado era como una zona de guerra, con drogadictos, prostitutas y edificios gastados, un gran riesgo para instalar un banco. Pero a Doyle le pareció que la recuperación se aproximaba, guiada por los inmigrantes que llegaban. Hoy, Cicero es 80% mexicano.

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Fue parte de su campaña de posicionamiento el que Second Federal decidiera ondear la bandera mexicana sobre los edificios de todas sus sucursales. Esto enfureció a los residentes blancos de Cicero: el alcalde y el concejal del pueblo le escribieron a Doyle exigiéndole que la quitara. Él se resistió. “Mucha gente dice que lo hicimos [colocar el lábaro] por negocio. Esa no es una mala razón, pero lo hacemos por respeto a la comunidad.”

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Estrategia sui generis
Muchos de los clientes mexicanos nunca antes habían utilizado los servicios de un banco y necesitaban atención personalizada. “Tenemos 18 cajeros para atender al público –comenta el directivo–. Nuestro costo de operación es quizás dos o tres veces mayor que el de cualquier otra institución debido a la cantidad de personal.”

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Todo parece demasiado costoso e improvisado como para poder funcionar bien y en forma rentable. Pese a ello, quizás inadvertidamente, la intensa penetración de Second Federal en la comunidad mexicana lo ha convertido en uno de los pioneros de la candente nueva tendencia bancaria estadounidense: atraer clientes que antes no empleaban servicios financieros.

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No se sabe con exactitud cuánta gente sin experiencia bancaria vive en el vecino país del norte; según la Federal Deposit Insurance Corporation, la cifra es de entre 10 y 13% de las familias, pero nadie duda que haya toneladas de dinero afuera de los bancos, propiedad en su mayoría de inmigrantes asiáticos y latinoamericanos de la clase trabajadora. Son personas que no pertenecen a la economía formal, que desconfían de los bancos o carecen del conocimiento de sus beneficios, pero que pueden ser clientes estables y productivos.

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A medida que la competencia ha subido de nivel entre las firmas regionales, gran número de instituciones buscan con afán a los millones de usuarios potenciales que alguna vez ignoraron.

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“Los que no tienen experiencia bancaria han realizado sus transacciones y pagado mucho dinero en los establecimientos donde hacen efectivos los cheques, las casas de empeño y compañías financieras –afirma Andrew Erlich, consultor de mercadotecnia en Woodland Hills, California–. [Los banqueros] han empezado a despertar ante el hecho de que habían cerrado los ojos a estas comunidades.”

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Y eso es, esencialmente, lo que el diminuto Second Federal ha estado haciendo durante más de una década con la colectividad mexicana en Chicago.

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La tarjeta Amigo no ha generado mucho negocio para Second Federal. Sin embargo, rápidamente desencadenó cambios en las políticas de aceptación de clientes en las instituciones crediticias en toda la unión americana, y alentó a numerosos migrantes; ahora el consulado mexicano en Chicago –y en otras ciudades– es asediado todos los días por indocumentados que solicitan la nueva matrícula consular.

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La decisión de Second Federal de permanecer en La Villita también se ha visto compensada.

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El pueblo fantasma revivió con las raíces mexicanas. Los precios de las viviendas se elevan. Hoy, el problema principal de la Calle 26 es el tráfico. En esa vía ya casi no hay propiedades a la venta, y ahora es un centro comercial regional para compatriotas que llegan de Iowa, Wisconsin, Indiana y Michigan. El año pasado se vendieron ahí $850 millones de dólares en bienes y servicios, lo que lo convirtió en el distrito comercial de la ciudad con mayor actividad, según el Departamento de Comercio de Illinois.

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El auge económico requiere de un banco y el Second Federal está ahí para cosechar.

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La disrupción llega a los negocios en México #DiálogosExpansión
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