El Blazer. Un largo viaje del purismo al

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Antonio Puertas

Aunque para los puristas el blazer sólo debe ser usado en acontecimientos deportivos (como -regatas), la comodidad de su uso lo ha convertido en una de las prendas masculinas más populares, principalmente entre los ejecutivos de todo el mundo.

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El término blazer viene del nombre de un barco británico, el -HMS Blazer, cuyo comandante, en 1840, gustaba de vestir a su tripulación con sacos a rayas verticales, azules y blancas. Desde entonces, cualquier saco azul, recto o cruzado, acompañado por pantalones de un color distinto es llamado -blazer, y según los puristas de la moda debe usarse sólo para asistir a competencias deportivas como las que se llevan a cabo en los clubes de canotaje o de yates. Fue por la afortunada influencia italiana y francesa que se olvidó este detalle, permitiendo a los hombres de negocios utilizar el -blazer como atuendo citadino. Si se asume que el vestir es un idioma, aquí también puede decirse que el uso es ley.

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Si el blazer debe o no llevar aberturas es algo que ha sido motivo de debate. De todos modos, muchos puristas —esa rara especie en vías de extinción— ya admiten este elemento, dado el carácter -sport de la prenda.

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Pantalones blancos y un saco azul oscuro, liso y cruzado, conforman en realidad una especie de uniforme de noche en cualquier acontecimiento náutico que requiera cierta formalidad. Sin embargo, los pantalones también podrán ser de color opaco o azulado, sobre todo durante el invierno. Hoy es costumbre combinar el -blazer con pantalones gris oxford o kakhis, una influencia del look estudiantil promovido en las instituciones educativas anglosajonas de alcurnia. Se supone que los zapatos deberán ser marrones, mocasines o -penny loafers ; sin embargo, si la ocasión no es tan formal, lo mejor será llevar unos -cómodo stop-siders color café.

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El blazer luce muy bien con camisas blancas, azules y rayadas; con corbatas regimentales, de amebas y -paisley o incluso sin corbata: hay que apreciar la cómoda elegancia con la que Octavio Paz o Carlos Fuentes visten la prenda. Los refunfuñones puristas dicen que la corbata que acompañe al -blazer será la del club de yates del cual se es miembro; ésta, además, hará más fácil la identificación de los que pertenecen a cada asociación. Si no se es parte de ningún club, la corbata deberá ser de cualquier color, pero lisa. Algo similar sucede con los populares escudos y los botones. En ambientes muy conservadores, -aquellos que sobre la bolsa superior del saco llevan zurcido el escudo de un club al que no pertenecen, son vistos con sospecha (por decir lo menos). Tampoco se consideran apropiados los escudos heráldicos o los parches muy llamativos.

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Se dice que la costumbre de pegar botones metálicos a los -blazers fue impulsada por la armada británica, en un intento por evitar que sus marinos se limpiaran la boca con las mangas del saco. Algunos ex oficiales de marina acostumbran zurcir los botones de sus uniformes a un -blazer; pero si no se fue miembro de la armada británica es mejor olvidarse de tan llamativa botonadura. Lo más apropiado será un juego de botones negros y usar una servilleta para limpiarse la boca.

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