El BMW 528i, a prueba

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Guillermo Lira

Imagine el lector despertar por la mañana y experimentar la sensación de querer subirse, cuanto antes mejor, a su auto. Saber que un - BMW 528i lo aguarda en la cochera es, desde luego, agradable. Pero lo que en realidad provoca emoción es manejarlo. Si bien sacrificar una hora en el auto para ir a trabajar puede ser un infierno —cosa muy común en la capital del país—, cuando el conductor abre los seguros del coche desde la llave misma, y el - BMW le sonríe gentilmente con un fade in de sus luces interiores, su semblante empieza a cambiar. Y más si al abrir la puerta recibe la primera bocanada de lo que podría llamarse la “atmósfera - BMW”.

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Al encender el motor, el conductor no escucha ni el más leve ruido. Luego basta seleccionar la memoria del asiento que uno programó para que la comodidad sea total, gracias al sistema de amortiguación y soportes para la espalda y región lumbar.

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Pero algo sorpresivo ocurre al meter reversa: el espejo retrovisor derecho enfoca hacia abajo, directo al piso, y se accionan los sensores traseros de distancia, los cuales indican si hay algún objeto en la parte posterior. Los beeps que emiten al retroceder le harán sentirse confiado de no someter al automóvil a los temidos banquetazos. Pero cuidado, cuando el -beep es constante significa que sólo faltan 20 centímetros para “estamparse”. Aunque el detalle del espejo es desconcertante (nunca antes podía verse el pavimento), todo consiste en acostumbrarse a esa “cualidad”.

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El vehículo también plantea otra decisión difícil: utilizar la caja automática o el sistema manual secuencial -Steptronic. Si el conductor elige los cambios automáticos, serán suaves y harán realidad la promesa de lujosa comodidad. Al accionar el acelerador podrá sentir cómo los seis cilindros de 2.8 litros hacen su trabajo, sin que tal potencia sea, en este caso, signo de arrogancia. Y si acaso le fuera indiferente que este -BMW acelera de cero a 100 kilómetros por hora en 7.5 segundos, por lo menos sabe que la potencia estará ahí para cuando la requiera.

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Si espera despertar admiración, olvídelo. Éste es un vehículo alemán para quien aprecia conducir, no para quien le gusta ser envidiado. Ya al transitar por las calles es casi imposible escuchar sonidos del exterior. Un sistema que produce las mismas ondas sonoras que las del escape hace que se eliminen mutuamente. Desde los controles del volante podrá seleccionar su estación de radio preferida, subir el volumen y accionar el aire acondicionado. Todo para que su vista se ocupe de lo más importante: el camino y los demás vehículos.

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Quizá nadie alabe su coche, pero más de uno se preguntará: ¿Qué se sentirá manejar un -BMW 528i? De hecho, quizá usted ni siquiera se espere a salir de la oficina para darse una vueltecita, aunque sólo sea para oír de nuevo el sonido de las nueve bocinas instaladas en el auto.

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De noche podría considerar una mayor compenetración con el vehículo. El cambio a transmisión manual provoca la sensación de estar conduciendo un auto deportivo y hasta puede darse el gusto de revolucionar el motor. El sistema de tracción le asegura que la fuerza está en la llanta que la necesita —por ejemplo, en situaciones de derrape— aumentando su seguridad. La suspensión lo alejará de los baches e irregularidades del camino gracias a su sistema neumático, que soporta la estructura de aluminio (diferente a otras, más pesadas, de acero).

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Cierto: todo esto no es gratuito. Más de tres millones de kilómetros de prueba y otras delicadezas hacen de los automóviles de la serie cinco de -BMW objetos de deseo que no son accesibles a cualquier bolsillo. El precio de este juguete fluctúa —según el equipamiento— entre $56,500 y $63,500 dólares. Más la tenencia. Usted decidirá si los vale.

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