El corazón no envejece

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Gabriela Sotomayor

"El que a los 20 no es valiente, a los 30 no es casado y a los 40 no es rico, ese gallo ya dobló el pico"... Así reza el dicho popular (que suele recordársele a cualquier varón que se esta acercando a los 40 o que acaba de dar el salto a esa dimensión desconocida). Ahora que si los demás no son tan "ingeniosos" como para declamar tan inspirado refrán, es muy posible que el mismo cuarentañero se lo repita mas de una vez al día, sobre todo cuando no ha cumplido con las expectativas que de sí mismo tenía.

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Imaginemos al caballero en cuestión. Quizá el mero día del cumple muchos, salta de la regadera y, al mirarse al espejo, se convence que sigue igualitito, que se siente fenomenal, que le avienten otros 40 años más, porque esta mejor que nunca. Pero al día siguiente, probablemente decidirá que es tiempo de hacerse un chequeo, mientras se encuentra algunas canas plateando sus sienes y, casi sin querer, se quede ensimismado en un sillón, mirando el pasado.

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¿Qué le pasa al hombre al llegar a los 40 años? ¿Se deprime? ¿Le importa o no? De acuerdo con Moisés Lumen, médico y director del Instituto de Psicoanálisis y Psicoterapia, "no es exactamente una depresión la que padecen los hombres a esta edad, sino una reflexión profunda. Y más que eso, un cuestionamiento que muchas veces no es autentico, sino provocado por las presiones socioeconómicas que enfrenta. En nuestro medio, es sobre todo el varón quien se ve expuesto a una competencia encubierta, en la que casi todos caen: mayores recursos económicos, mayor éxito profesional, esposa más guapa, hijos más lindos, mejor casa, más viajes, etcétera. Pero no es que la persona se sienta como lo expresa, sino que la sociedad misma lo induce a plantearse esos cuestionamientos."

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Testimonio de un industrial, de 40 años: "La verdad, si me sentí un poquito decepcionado, porque pensaba que a esta edad iba a tener una casota y quien sabe cuántas cosas más, sé que he tenido logros, pero como que no son suficientes."

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Mujeres necias. "La esposa ‑agrega Lumen‑ también suele establecer comparaciones con quien le rodea y, consciente o inconscientemente, empieza a ejercer suficiente presión en su marido como para que éste termine por sentirse como no debiera."

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Diseñador gráfico (40 años): "Desde que cumplí 38 años, mi mujer comenzó a tirarme pedradas, como: “Ay, chiquito, ya vas a cumplir 40, ¿qué se siente? Uy, ya llegaste a la edad de los nuncas. Ahora que cumplas 40, a ver si nos vamos de viaje, ¿no? ...

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"Además ‑dice Lumen‑, el hombre debe estar alerta y no dejarse presionar por factores como los amigos, dinero, cultura o familia, que imponen ciertos parámetros para valorar el éxito."

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Otro aspecto que puede provocar angustia, señala el experto, es la avalancha de los jóvenes. Aunque pueden ser personas preparadas, muchas veces no tienen la madurez suficiente para asumir fuertes responsabilidades en el trabajo. Por eso, hay que recordar que la juventud o la vejez son una actitud mental y que la vitalidad esta en el espíritu.

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Administrador (39 años): "Es increíble que en mi oficina soy de los más rucos, aunque de veras me siento bastante chavo."

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Otro caso es el de los señores que se casan ya bastante bailaditos y tienen sus primeros hijos en estos años. Cuando los niños piden jugar a la pelota, los papas la arrojan dos o tres veces y se retiran del juego. Así, la imagen del papi dinámico, que no se cansa al jugar la cascarita, sólo aparece en algunos anuncios de la televisión para el día del padre. Conforme se acerca la temible edad, muchos sienten que su cuerpo ya no les responde igual, hacen más deporte y van al gimnasio, cuidan su alimentación y hasta se ponen a dieta (por aquello del colesterol), se tiñen las canas y se compran alguna crema para las arrugas, les da por pasear en moto, visitar los bares de moda y hacer muchas cosas más que los reafirmen como jóvenes (aunque, la verdad, es que lo son, ¿no?).

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Periodista (36 años): "Siento que ya no tengo ni la agilidad ni la paciencia para andar correteando detrás de los niños. A mi hijo le llevo 35 años y, la verdad, me parecen demasiados... Creo que ellos ya me ven muy grande."

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De todos los días. Pero las crisis son algo cotidiano. "Durante toda la vida las hay ‑dice Luz Maria Solloa, maestra en Psicología‑, desde la infancia, la adolescencia y la juventud, hasta la vejez. La crisis de madurez, suele presentarse a los 40, y de acuerdo con la manera en que se hayan superado las anteriores, el manejo de ésta será adecuado o no."

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Ya lo sabe: no se sienta presionado y tome las cosas con calma. Al cumplir los 40 años, puede tener cierta nostalgia, tristeza o depresión, pero no debe dejarse abatir por las exigencias exteriores. Es falso que ya esta viejo, así que, por favor, no alucine con conquistarse a alguna quinceañera y, de buenas a primeras, echar a perder su matrimonio. Tampoco salga con que quiere mandar todo al demonio, pues busca lanzarse a la aventura. Tómelo con calma, reflexione. Bien dicen que "el corazón no envejece, el cuero es el que se arruga".

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