El costo del burocratismo

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Cuauhtémoc Sánchez*

Dos cosas caracterizan a nuestro país: la Virgen de Guadalupe y la burocracia. Parecen equilibrios indispensables: le rezamos fervorosamente a la primera para defendernos de la segunda. Y es que en México sólo la generosidad de la morena del Tepeyac puede tener un peso equivalente a la abrumadora cantidad de normas, reglamentos y regulaciones absurdas, obsoletas e inútiles que hay en el país.

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Tanta es la burocracia que tenemos que enfrentar, que el gobierno federal creó una oficina (burocrática) para combatir la burocracia regulatoria. Se llama Comisión Federal para la Mejora Regulatoria o Cofener. Siendo justos, el organismo es necesario. Es tanto el papeleo que tenemos que sufrir para medio vivir, que no está de más pagarle a alguien con el fin de que piense en quitarnos esa losa de encima, ya que nadie es Pípila por gusto. Afortunadamente, esa Comisión está a cargo de Carlos Arce, que tiene una trayectoria pública seria, cosa cada vez menos común.

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No hace mucho la Cofener hizo pública una cifra verdaderamente intrigante, por decir lo menos. Arce, personalmente, indicó que el costo anual para los mexicanos de las regulaciones burocráticas que tenemos que enfrentar asciende a $88,000 millones de dólares. ¿What? Entre tantos números que da el gobierno, ya no sabe uno ni qué significan. Si somos 100 millones de mexicanos, nos toca un costo promedio de $800 dólares por persona. Por cada familia de cuatro integrantes, la regulación sería de $3,200 dólares. En español: $35,000 pesos por cada hogar, más o menos. Esto sería casi $3,000 pesos al mes, mucho menos de lo que gana la mayoría del pueblo mexicano. (No hace mucho, la actual administración anunció con bombo y platillo que ya había menos pobres, porque 3.4 millones de familias que vivían con $550 pesos al mes, ahora tienen $27 pesos más). Entonces, ¿quién paga esos $3,000 pesos mensuales por familia?

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De entrada, la cifra es sospechosa. Ojalá se trate de un número más, que sólo sirva para justificar la existencia de las instituciones inventadas por el gobierno o para llamar la atención de los medios, que mucho publican y poco analizan.

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De tener algo de base, la cifra es espeluznante, y explicaría por qué la gente prefiere mantenerse en la informalidad. También sugiere que, dado que los pobres no los pueden pagar, estos costos se concentran en unos cuantos agentes económicos que están siendo ahogados por el burocratismo gubernamental. Con razón no podemos competir.

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* Retroalimentación: csanchezosio@hotmail.com

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