El dinero más limpio

Existen muchos estímulos para lavar dinero, pero hay más motivos para combatirlo.
Los editores

En una revista de entretenimiento que circula en Bogotá, Colombia, de esas que promueven actividades culturales como talleres de baile o funciones de cine de arte, se lee en un anuncio: “Conferencia para analizar temas como el lavado de dinero y la financiación del terrorismo, conductas y señales de alerta frente a este fenómeno”.

- Colombia es un país que ha enfrentado por más de tres décadas el complejo fenómeno del crimen organizado, que lo mismo trafica droga que pelea a muerte sus rutas, que extorsiona a quien se deje y luego busca dónde lavar el dinero producto de dichas actividades ilícitas.

- No deja de sorprender, sin embargo, la naturalidad con la que en una revista que parece muy lejos de tener una audiencia para ese tipo de temas, haya anuncios que promueven cursos para que un empresario evite la entrada de dinero ilegal a su negocio.

- Nadie está a salvo. Ésa es una lección dolorosa que Colombia tuvo que aprender después de convivir tanto tiempo con el fenómeno del crimen organizado.

- Para México, la lección debería ser que más vale combatir el fenómeno antes de que sea tan prevalente que las lecciones para erradicarlo se coloquen al lado de las de baile. El tema de portada en esta edición tiene ese propósito: conocer el tópico del combate al lavado de dinero y entender por qué es importante erradicarlo o, cuando menos, dificultar la labor de quien tiene dinero mal habido y quiere legitimarlo en la economía y en la sociedad en México.

- Al reportear este artículo detectamos tres desafíos que nos urge superar. El primero es que el abogado, el policía y el financiero se coordinen. No hay otra salida para evitar que las bandas criminales laven el dinero ganado ilícitamente y se pierda el rastro del dinero sucio. El presidente Felipe Calderón tiene la responsabilidad de diseñar los incentivos correctos (reconocimiento público, monetario, o del tipo que sea) para que la Procuraduría General de la República, la Secretaría de Seguridad Pública y la Secretaría de Hacienda alineen sus esfuerzos y obtengan así mejores resultados. Un paso que ayudaría mucho sería definir quién es el responsable final de los resultados que se tengan (o no se tengan) en este ámbito, de manera que no se diluya este deber en el ancho y transitado mar de las ambigüedades y las rivalidades burocráticas.

- El siguiente tema que urge es el diseño y la aprobación de un marco legal que signifique una verdadera muralla entre el dinero de actividades ilícitas y el resto de la economía. Aquí no hay mucha ciencia. Se trata de leyes que hagan muy difícil usar dinero en efectivo en la economía formal. El verdadero desafío consiste en que los legisladores tengan la voluntad y el valor de enfrentar a grupos que operan en las fronteras entre lo legítimo y lo ilegal y que, además del crimen organizado, saldrían perjudicados con una reforma de esta naturaleza.

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- El tercer desafío nos corresponde a todos los demás: reconocer por qué es importante combatir esta práctica y el costo que tendríamos que pagar los mexicanos en caso de no hacerlo o de no hacerlo bien. Si no atendemos este problema, las instituciones se van a deteriorar más rápidamente. El frágil Estado de Derecho que se vive en México sufriría una herida de esas que son muy difíciles de sanar. Mirar el fenómeno desde una perspectiva nacional e incluir a toda la sociedad en el combate al lavado de dinero puede ayudar a crear conciencia de que hay más riesgo dejándolo crecer que atajándolo ahora.

- Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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