El embate de la reacción

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Ricardo Medina Macías

Un camión de carga se estaciona en una calle aledaña al zócalo de la ciudad de México; algún inopinado benefactor de la causa de los itinerantes tabasqueños se contacta con el líder del grupo, Andrés Manuel López Obrador, y le dice:

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- Ahí tenemos eso
- ¿Es mucho?, pregunta López Obrador.
- Ni te imaginas, vamos a necesitar que nos ayuden a descargar las 14 cajas.

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Más o menos así se supone que empezó la historia de los papeles de Tabasco, documentos que presuntamente prueban la multimillonaria e ilegal compra de voluntades que realizó Roberto Madrazo, para hacerse elegir como gobernador de Tabasco.

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Casi nadie se sorprende al documentarse lo que era un secreto a voces, la erogación de cuantiosos recursos que suelen hacer los priístas para asegurarse triunfos electorales; pero estremece la magnitud del dispendio de dineros públicos, o de dineros privados obtenidos mediante coacción o venta de favores de los poderes públicos. Nuevo escándalo de la picaresca política mexicana que, como tantos otros, se han ido desgranando en los últimos meses ante el estupor de la opinión pública.

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Como en la controversia poselectoral de Yucatán, el affaire de los papeles de Tabasco parece insuficiente, en estricto apego a la ley, para que el señor Madrazo sea defenestrado. El asunto es de moral pública y, por desgracia, la ley no siempre contempla esas vicisitudes. Pero ello no le resta gravedad al hecho. Por el contrario, la repulsa moral de la sociedad pesa más, mucho más, que el expediente legal.

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Presenciamos, sin duda, el rápido declinar de un sistema político. Del partido único ideado por Plutarco Elías Calles, perfeccionado en el corporativismo aglutinador y excluyente por Lázaro Cárdenas, hemos llegado al derrumbe actual. El eje del sistema (el presidencialismo extralegal con el privilegio de liderear al partido, nombrar y hacer ganar a sus candidatos contra viento y marea) ha dejado de serlo. Sin eje, por aquello del acotamiento presidencial autoimpuesto, los caciques y grupos se salen de quicio.

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Hemos llegado, en fin, al diagnóstico inevitable: el sistema casi secular es disfuncional. Sin decirlo lo advierte el Plan Nacional de Desarrollo: para que la economía vuelva a crecer sanamente habrá que restituir a la sociedad lo que el corporativismo político le ha enajenado en las últimas décadas, ahorro, productividad, iniciativa, libertad.

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De ahí el embate de la reacción. Los reaccionarios de hoy se rehusan al cambio, desean preservar cotos de poder y privilegios, son herederos de la retórica, no de las ideas, de una revolución antigua. Los signos de la reacción están en las 14 cajas que exhibe López Obrador o en el cebú que regalaron a nombre de Víctor Cervera en Yucatán, velozmente marcado en el lomo con gruesos caracteres: PRI.

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Es la misma reacción que, vía representación del Instituto Federal Electoral en Baja California, boicotea la representación ciudadana en las próximas elecciones y trabaja, desde ahora, para que el viejo sistema vuelva por sus fueros.

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La paradoja, en el caso de Tabasco, es que López Obrador exhibe involuntariamente las excrecencias naturales de un sistema corporativista que él mismo, como otros expriístas nostálgicos incrustados en el PRD, intenta revivir aceitado en la retórica progresista. Nadie sabe para quién trabaja.

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No hay duda de que estamos en medio de una transición. Pero el destino del tránsito es incierto: democracia o caos, desintegración o república verdaderamente de todos.

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En Jalisco y en Guanajuato, el acotamiento al presidencialismo funcionó bien. En Tabasco y Yucatán desembocó en coletazos dinosaúricos, en triunfos de facciones hipócritamente envueltas en la bandera del federalismo.

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¿Qué pasará en Baja California y Michoacán? ¿Qué sorpresas nos depara la reacción cuando traten de ponerse en marcha las reformas a la legislación laboral y a la seguridad social, para restituir a la sociedad lo que el corporativismo le ha defraudado?

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Entre tanto, la dirigencia del PRI anuncia que terminó una supuesta alianza con el panismo, y coquetea con el PRD para establecer una alianza progresista que frene el avance de la derecha.

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Pero, ¿de veras es la derecha la que avanza o se trata de una sociedad agraviada que reclama la reparación del despojo?

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El autor es egresado  de la licenciatura en Comunicación de la Universidad Iberoamericana, periodista especializado en economía y  finanzas y director editorial del diarioel economista.

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