El enigma de la competitividad

La inversión extranjera no decae. Habría que matizar el pesimismo.

Le invitamos a la perplejidad. La inversión extranjera directa (IED) per cápita de China en 2003 fue de $44 dólares. La de México ascendió a $103. ¿Sorprendido? Es decir, si se considera la población del gigante asiático a la hora de medir las inversiones, las alarmas que despierta la supuesta pérdida de competitividad de México se desinflan. Para el año próximo, la IED per cápita prevista para China es de $54 dólares y la de México de $158 dólares, casi el triple. ¿Qué pasó con el encarecimiento de la mano de obra, la parálisis legislativa por la batalla de 2006 o la falta de estado de derecho en México?

- La sorpresa no necesariamente implica complacencia. Desde estas páginas se ha pedido y se piden unas reformas que permitan a nuestra economía desprenderse de los lastres que le impiden superar la pobreza y que paradójicamente perjudican principalmente a los menos favorecidos, aquellos en cuyo nombre se detiene una reforma completa del Seguro Social, de los impuestos o de la legislación laboral.

- Lo cierto es que México sigue atrayendo inversiones. Nuestro informe de 100 multinacionales muestra unos buenos resultados. Los reportajes que al respecto publicamos presentan grandes inversiones de Whirlpool, que junto con otros competidores de los electrodomésticos, está trasladando a México sus plantas; o de Avon, que frente al común de los mexicanos sí tiene fe en que la reducida clase media mexicana crecerá. DuPont se transforma y se enfoca a la biotecnología, dejando atrás un sector textil, víctima de la competencia de la mano de obra barata asiática y se enfoca en los sectores medios y bajos de la pirámide poblacional. Mientras, los bancos españoles BBVA y Santander tratan de ponerse al día y atacar el mercado hispano de Estados Unidos, donde Citigroup les lleva la delantera.

- Estas historias contrastan radicalmente con los preocupantes titulares de los periódicos o de lo que publicamos en Expansión –véase, por ejemplo, las incertidumbres entre la industria autopartista después de tres años de padecimientos, o la imprevisión con que los legisladores preparan su único acuerdo relevante en mucho tiempo, en torno a la ley de juegos–. La situación del país no es para tirar las campanas al vuelo, pero sin duda no hay nada peor que el pesimismo que se respira en los pasillos de los organismos empresariales, Los Pinos, San Lázaro o en muchos hogares.

- México vive dos transiciones simultáneas. De economía cerrada pasó a ser una de las más abiertas del mundo. El monopartidismo presidencialista se convirtió en pluripartidismo parlamentario. En este ambiente, la economía crece, las inversiones llegan, y según los últimos datos del Banco Mundial, la pobreza extrema empieza a remitir. Empresas como Avon y Whirlpool le apuestan a una clase media que, si la estabilidad económica se mantiene, empezará a consolidarse.

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- Sin bajar la voz en lo tocante a las reformas estructurales, sin complacencia, nuestras multinacionales nos muestran que el grito de “que viene el lobo-China” corre el riesgo de perder su eficacia si no lo transformamos en una invitación a la creatividad y a la cooperación. Cuestión de todos.

- –Los editores 

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