El espejismo del prepago de la duda

A pesar de que la ingeniería financiera permite mejorar el perfil de la deuda, ésta sigue represen
Alejandro Castillo

El pago adelantado de la deuda de emergencia que se contrató con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos fue, sin duda, una buena operación financiera. Además, muestra la habilidad por parte de las autoridades para aprovechar las condiciones favorables que todavía prevalecen en los mercados internacionales, en donde grandes volúmenes de recursos buscan destinos en los cuales invertir.

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Sin embargo, se debe tener en cuenta que todavía es muy fuerte la deuda que pesa sobre la economía mexicana y hasta el momento no se ha hecho más que redocumentarla, emitir compromisos para obtener recursos que permitan pagar, a los que se añaden los requeridos para crecer. Y eso sólo se podrá hacer mientras existan excedentes en los mercados internacionales. No se debe olvidar que ya en otras ocasiones el país vivió los beneficios de la abundancia de capitales internacionales y también sufrió los efectos de las crisis provocadas al suspender esos flujos.

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A raíz de la última crisis, se negoció con el gobierno estadounidense un paquete financiero por $20,000 millones de dólares, el cual se puso a disposición del gobierno mexicano el 21 de febrero de 1995. De ese paquete se utilizaron $12,500 millones de dólares hasta julio de ese año, cuando se dispuso del último tramo.

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Posteriormente, a partir de octubre de 1995 se realizó el primer pago, por $700 millones de dólares; en enero de 1996 se añadieron otros $1,300 millones de dólares, con lo que se cubrió la parte del crédito que correspondía al corto plazo. Del remanente, en agosto se pagaron otros $7,000 millones de dólares y, finalmente, en enero de este año se liquidaron los $3,500 millones de dólares restantes.

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Los recursos con los que se liquidó la deuda con el Departamento del Tesoro se obtuvieron, básicamente, de operaciones financieras: $1,000 millones de dólares, de la emisión de bono global a 10 años; otros $1,000 millones, de una emisión en el mercado alemán a ocho años; $650 millones, de una emisión en el mercado samurai a seis años; $330 millones, de una emisión en el mercado italiano a cinco años; $395 millones, de otras operaciones en los mercados internacionales y $500 millones, del programa de notas a mediano plazo del gobierno federal.

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A eso se añadieron $575 millones de dólares del colateral liberado de los bonos Brady cancelados en los últimos meses y $550 millones de pagos de Pemex al gobierno federal, que son la parte que en realidad podría representar amortización de deuda. En total, se reunieron $5,000 millones de dólares, $3,500 destinados al Tesoro y $1,500 al Fondo Monetario Internacional (FMI).

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Hasta junio de 1996, antes de que se liquidara el paquete obtenido del Tesoro de Estados Unidos, el país debía $157,866 millones de dólares, de los cuales 25% estaban comprometidos con la banca comercial, 56% eran obligaciones con organismos gubernamentales, 8% correspondían a débitos con el sector privado y 9.4% se tenían con el FMI. En ese momento, la deuda al gobierno de Estados Unidos ascendía a $10,500 millones de dólares y los pagos más pesados debían realizarse en 1998 y 1999. Ahora, con el prepago, cambia el perfil de esos compromisos, pero no se eliminan.

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Restando las amortizaciones cubiertas al liquidar la ayuda estadounidense, el calendario de pagos de México al exterior se estima en $14,700 millones de dólares en 1997, $14,400 en 1998 y $12,842 en 1999.

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Como se ve, quedan por cubrir erogaciones muy importantes, más lo que se agregue de intereses, que sólo en el periodo enero-septiembre de 1996 significaron una salida de casi $8,000 millones de dólares.

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