El exquisito arte de no hacer nada

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Todo marcha bien con la física del cuerpo; también la química con la familia y amigos. Las finanzas no dan problemas y las demás asignaturas en ese eterno aprendizaje que es la vida van bien en términos generales. Tu conciencia es la que no te deja tranquilo, no te permites perder el tiempo, no puedes no estar haciendo algo. ¿Por qué? ¿Alguna vez te has preguntado por qué no te das permiso de NO HACER ABSOLUTAMENTE NADA?.

- Deberías disponerte a ello. La necesidad de ser eficiente, productivo, la máxima tiránica de que el tiempo es oro, nos han quitado el disfrute de la quietud, el dulce placer de la contemplación sin preocuparnos, sin sentirnos culpables.

- Y hablamos de un NADA DE NADA, no de la inmovilidad del sueño o la inactividad física solamente, sino del ocio corporal y mental absoluto, de dejar por un momento de exigirnos soluciones, metas, participación, resultados, ser alguien en función de algo, de cuestionarnos todo. Se trataría de bucear un poco en uno mismo, hacer un alto total en el camino y tratar de reincorporar el placer del ocio en su sentido más profundo, redescubrir que no estamos obligados todo el tiempo a hacer algo.

- Revisa tu tiempo de ocio; cuántas veces regresas mentalmente al trabajo o a compromisos pendientes, e incluso, plantéate el derecho de estar tumbado al sol en una playa, bebiendo en un bar, escuchando música clásica en lugar de estar haciendo algo... de provecho para el trabajo.

- En las culturas orientales la meditación se considera una forma de terapia consciente en busca de una introspección positiva y de salud mental. Sin intentar llegar al Nirvana es necesario entender que el ocio, no hacer nada, es necesario y saludable. Inténtalo, comprobarás que por inercia te resulta más difícil que cumplir con todos tus pendientes.

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