El futuro, bomba de tiempo

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Alfonso Zárate*

El porvenir es para México uno de los problemas más perturbadores del nuevo siglo, un mañana que porta necesidades, carencias y desafíos mayúsculos. Mientras nos distraemos con fuegos de artificio –la exploración y explotación de la intimidad de famosos y poderosos– se acumulan conflictos que amenazan desbordar la capacidad de respuesta de las instituciones. Sólo un dato: a principios del siglo xx la esperanza de vida era de 30 años; para 1960 aumentó a 58 años y hoy un hombre tiene la expectativa de respirar 73.4 años y una mujer 77.9 años. El aumento en este índice es buena noticia, pero implica un riesgo que podría llevar a la quiebra al sistema de pensiones y a las instituciones de salud pública.

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La deformación de la pirámide poblacional expresa un proceso de envejecimiento que hoy es preocupante y mañana será angustioso, porque impacta todo: el mercado laboral, el sistema educativo, el de salud, el de retiro…

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Los cambios demográficos exigen al Estado y a la sociedad madurez para encararlos, revisión a fondo de los diagnósticos y de las políticas públicas. Un ejemplo: en los próximos años disminuirá la demanda por educación preescolar y básica (desde 1999 está descendiendo la población en este rango de edades) y aumentará la de atención para los adultos mayores.

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En 30 años el país tendrá una estructura de edad mayoritariamente adulta; en el sector salud habrá un perfil epidemiológico dominado por enfermedades crónico-degenerativas (cardiovasculares, diabetes, depresión), lo que obligará al sistema de salud a formar médicos, enfermeras y trabajadores sociales capaces de enfrentar los reclamos de nuestros viejos. Se requerirán menos guarderías y hospitales pediátricos y más asilos y médicos geriatras.

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En una visión pesimista, los grandes rezagos acumulados y la falta de previsión impondrán la imposibilidad de atender y asegurar una calidad de vida digna para todos los mexicanos. Pero existe otro modo de abordar los desafíos de la transformación demográfica: convertir las bajas tasas de fecundidad en oportunidades que, mediante importantes inversiones en educación, salud y capacitación se traduzcan en la reducción de la pobreza y las desigualdades sociales.

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Aún estamos a tiempo de propiciar y construir escenarios favorables, de diseñar el futuro. Para que esto ocurra debemos eludir las tentaciones de lo inmediato y enfrentar con mirada estratégica los retos del porvenir.

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* El autor es director de Grupo Consultor Interdisciplinario.

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