El futuro se forja hoy

Tras décadas de centrarse en el corto plazo, este es un punto de inflexión para que México piense
Julio Millán*

Si se quiere mejorar el presente, se debe construir el futuro. Pensar a largo plazo no es esotérico ni mágico. Es saber a dónde se quiere llegar para saber qué hacer inmediatamente. Sin un objetivo de largo plazo, es muy difícil ver qué esfuerzo, capacidad, planeación y recursos hay que poner hoy.

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México ha sido un país sexenal. Todo cambio estructural, democrático, social o político obliga a modificar paradigmas. Antes parecía que había continuidad porque siempre gobernaba el mismo grupo. Hoy es indispensable que el país tenga una meta manifiesta a largo plazo. Este periodo del país no puede concluir en 2006 sin tener proyectos hacia 2030 y 2050.

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Los mexicanos tenemos que darnos una finalidad común. No se trata de que el gobierno nos la imponga. Es un esfuerzo que debe salir de la sociedad, sumar inteligencias, traducirse en conceptos académicos, universitarios, sociales, económicos, y permitirnos detectar el escenario al que podemos aspirar.

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Es imperativo conjuntar información y obligarnos a que existan mecanismos independientes en cada uno de los campos de actividad en la nación. Así, los partidos políticos, el Congreso, el gobierno –desde el Ejecutivo federal hasta los municipios–, deben recoger estas ideas y codificarlas para que los mexicanos conozcan los escenarios. Por ejemplo, en 20 años necesitaremos tener por lo menos el doble del producto interno bruto per cápita que tenemos hoy y un desarrollo demográfico de 1.2%. Urge alcanzar un nivel de desarrollo mínimo acumulado de 4.5 a 5% anual, entre muchos otros objetivos.

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Arrastramos un rezago que es nuestro grillete. Pero ése no es pretexto. Hace 30 años Corea era un país con menos de la tercera parte de nuestro ingreso per cápita, no era un competidor importante en comercio exterior. Ahora las cosas son muy distintas. Aquí la gente culpa del estancamiento económico a la contracción del mercado en Estados Unidos y a la competencia de China, sin asumir su responsabilidad.

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El concepto del futuro ya es una ola. Este es el momento de aprovechar su impulso. Hay que exigir a las autoridades y a los grupos que toman decisiones que formalicen un proyecto de largo plazo que nos permita conducir el país para mejorarlo hoy. En México, los políticos son cortoplacistas, entre otras razones porque no existe la reelección, y por lo tanto no tienen compromiso con el electorado. El  poder político en las áreas legislativa y ejecutiva se ha convertido en un botín de intereses. Encontrar hombres de Estado con objetividad y perspectiva de largo plazo es muy difícil. Necesitamos personas generosas que sepan actuar considerando el porvenir.

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Cuando una generación no tiene una idea de lo que puede suceder, le roban el futuro. Las que han vivido crisis tras crisis son claro ejemplo de tal fenómeno. Eso hace que el individualismo prevalezca, que se genere una sociedad de interacción egoísta, con mucho sentido de autodestrucción y no de conservación.

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Tal actitud responde a que hemos creado un ambiente mimético, en el que la gente se defiende y no ve hacia el futuro. Si la población notara que lo que no hace por sí misma tiene consecuencias, reaccionaría diferente. El cambio que se requiere es muy profundo, pero mientras más tarde se dé, más lejana estará la solución.

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*El autor es presidente de la Sociedad Mundial del Futuro. Con la colaboración de Gabriela Ruiz.

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