El hilo negro que todos quieren

Ganar en el sector textil-confección es un reto. Lo logran quienes buscan diseño, calidad y produc
Marina Delaunay

Todos buscan la clave del negocio, y cuando no la encuentran siempre es culpa del vecino. Un textilero quiere cerrar el mercado, un fabricante de ropa quiere abrirlo. Unos culpan a la importación de telas, la razón de sus penurias; otros las importan en busca de precios baratos. La realidad detrás de estas pugnas es de sobra conocida: máquinas que acaban de cumplir sus dos décadas de vida, inexistencia de financiamiento adecuado a los procesos de producción. Con este marco y esos intereses que no se reconcilian, no es raro que, en los últimos cinco años, 180,000 personas hayan perdido su trabajo en esa industria que hoy aporta casi 7% de la economía. Resultado: el hilo de la cadena textil-vestido está cortado.

- Por eso es más meritorio todavía encontrar a alguien que vende y que además puede hablar de crecimiento. Quienes están de este lado usaron recetas que ya han dado éxito en Brasil, Colombia o incluso en China: las diseñadoras Julia y Renata Franco están dando el salto de la alta costura a la producción en serie; buscadores de nichos de negocios que en breve serán tendencia como Grupo Miro que encontró en el algodón orgánico la forma de atraer la mirada de Nike y Timberland. O la integración vertical que logró Roma Mills, una textilera que decidió cubrir todo el proceso: desde la materia prima hasta el diseño de una prenda para ser tan flexible como para vender a Wal-Mart o cubrir la demanda tanto de un cliente pequeño pero exigente, como de marcas de alta costura.

- La gran mayoría no ha podido seguir el ritmo de la moda, que no es muy diferente que el tecnológico. “Es cultural: en México se ha buscado producir y luego vender, ahora debe ser al revés”, apunta Sergio García de Alba, subsecretario de pymes de la Secretaría de Economía, la entidad que media entre las dos asociaciones empresariales.

- Existen algunos esfuerzos, pero no dejan de ser individuales. Por ejemplo, los nueve centros de diseño (Telatecas) promovidos por las cámaras textil y del vestido que, según algunos, son una mala copia del modelo colombiano. No se comportan como laboratorios de investigación de tendencias sino que “asesoran” con catálogos sobre las tendencias ya existentes. Si la cadena entre quienes venden la tela y los que diseñan y cosen ropa está cortada, la menor ventisca puede rasgar las telas.

- Eso ya ocurrió cuando los empresarios chinos comenzaron a venderle a los estadounidenses. Por no tener armas de defensa, las ventas mexicanas perdieron el primer lugar dentro de los países exportadores de textiles al vecino del norte. Ahora los países centroamericanos, que juntos ya superan a México, podrían dejarlo en el tercer lugar una vez que se firme su TLC. Mientras eso ocurre, algunos casos anónimos ya están preparados para defenderse con tela y aguja.

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