El <i>Chicago boy</i>

Directo, duro, apegado a las leyes y de pocas pulgas. &#34Si no puedes hacer algo bien la primera ve

Su personalidad es fuerte. Impone cada vez que se presenta en algún lugar. Su mirada es fija y refleja un escrutinio constante. Pocas veces sonríe en público.

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Francisco Gil Díaz puede presumir de tener un buen desempeño en el sector público, donde ha sido jefe de Carlos Salinas de Gortari; en el sector privado, dirigiendo Avantel, firma en la que pugnó por la apertura del servicio de telefonía local; y en la academia, como maestro del ITAM, sitio en el que formó a personajes de la talla de Pedro Aspe.

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Su doctorado en Economía por la Universidad de Chicago lo hace parte de los llamados Chicago boys. Para Isabelle Rosseau, investigadora del Colegio de México y experta en élites gubernamentales, su trayectoria lo hace un ejemplo del servicio civil de carrera en el sector financiero.

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Desde su tiempo como subsecretario de Ingresos en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, durante la presidencia de Salinas de Gortari, dos motes lo persiguen: fiscal de hierro y garrotero, ya que durante su gestión emprendió una persecución sin tregua contra evasores fiscales.

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Durante esta época una frase lo hizo famoso en los pasillos de la dependencia: “Si no puedes hacer algo bien la primera vez, la segunda menos.” Su rígida aplicación de la ley llegó a incomodar a más de uno, a tal grado que “cuando él iba en contra de las mafias en las aduanas, andaba con tres guaruras porque había recibido amenazas. Una vez alguien me dijo: ‘Paco Gil es el hombre más valiente del mundo.’

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Algo que lo distingue es la claridad de sus ideas y ser un hombre de pocas palabras”, afirma Rogelio Gasca Neri, ex subsecretario de Programación y Presupuesto. Como compañero, añade, “siempre tiene respeto hacia los demás, es un hombre que trabaja y deja trabajar, firme en sus decisiones, confía en lo que hace, es inflexible a la hora de aplicar las leyes y reglamentos. Aunque no se le puede calificar de workaholic, siempre hace las cosas bien y consigue lo que quiere lo más pronto posible. Nunca aceptaba un ”no” por respuesta, siempre sabía cómo convencerte. Aunque te dijera que no, te ibas contento después de platicar con él”, refiere el funcionario.

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Es un jefe duro, si como tal se entiende un superior con cualidades de líder, exigente, que sabe lo que quiere y hacia dónde va, al que nunca puedes decirle que no se puede y que no da lugar a concesiones. Tales calificativos lo han perseguido a lo largo de su carrera privada y pública.

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“Era temido y querido a la vez. Una de sus enseñanzas fue el trabajo duro, apasionado. El análisis profundo y la acción decidida”, asegura un cercano ex colaborador del Gil Díaz.

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Las rivalidades al interior del gabinete, la escasez de recursos, su origen priísta y el estancamiento de la iniciativa de reforma fiscal hacen de Francisco Gil el blanco ideal para las críticas. Y aunque siempre ha procurado quedarse al margen de los escándalos del equipo foxista, su tocayo, Francisco Barrio, puede presumir de ser de los pocos que lo sacaron de quicio.

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En lo que fue calificado como una ofensiva de cara a las elecciones de 2006, en junio del año pasado, Barrio, entonces secretario de la Contraloría, afirmó que en la Presidencia se había puesto en la mesa de discusión una negociación para sepultar el caso Pemexgate a cambio de la aprobación del tricolor a la reforma fiscal, a lo que supuestamente el Presidente respondió que no iba a intercambiar “lingotes de oro por cacahuates”.

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Los comentarios del ahora diputado federal electo por el PAN molestaron a Gil Díaz, quien en una defensa de Fox y de la propuesta hacendaria acusó a Barrio de padecer Alzheimer, por no entender la diferencia entre el oro y los cacahuates.

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El saldo: Gil Díaz sigue en su cargo y Barrio dejó la Contraloría.

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