El imperio de los coyotes

Ante la necesidad de mucha gente de hacerse de efectivo, los coyotes se han dedicado a comprar barat
Zacarías Ramírez Tamayo

No tienen gastos de operación, no necesita siquiera un despacho, no pagan impuestos, no requieren conocimientos especializados y apenas necesitan de unos días para reencontrarse con su inversión y, sobre todo, para ver consolidadas sus utilidades, provenientes de transacciones que, en uno de sus mejores días, llegaron a superar los N$150,000 nuevos pesos.

- Ellos son nada menos que los "coyotes" especuladores de acciones de Teléfonos de México, que aprovechan la ignorancia o la urgencia de los viejos usuarios de la telefonía nacional, poseedores de títulos que, antes de privatizarse en 1990, la empresa estatal les vendía al contratar el servicio.

- "Las utilidades son tan altas porque la gente no sabe mucho acerca de acciones, así que todo lo que hay que hacer es decirles que la bolsa las está cotizando a una cantidad conveniente, y ya está", dice uno de estos compradores de banqueta, quien asegura haber ganado en una ocasión N$17,000 nuevos pesos con una sola transacción, al pagar N$80,000 por acciones con un valor real de N$97,000. Es la cultura del engaño.

- Desde hace más de tres años el coyotaje comenzó a tomar fuerza, ya que ese tipo de operaciones hicieron que se corriera la voz. Basta con esperar pacientemente -en la explanada de las oficinas centrales de Sullivan, en la ciudad de México- a las personas que salen de las ventanillas de valores de Telmex -en las que reciben los cupones que ponen al día el valor de sus acciones-, para que les ofrezcan el pago inmediato de los títulos al precio bancario, dice el entrevistado, y después venderlos en cualquier casa de bolsa.

- ¿Fraude o no? "El trabajo de los coyotes es como cualquier otro -dice uno de ellos, el único que aceptó hablar con EXPANSIÓN con la condición de que no se mencione su nombre-: trabaja uno para un patrón y se cobra una comisión (de 8%, normalmente) que puede crecer si al particular se le paga un precio, menor al declarado ante el patrón."

- De acuerdo con fuentes de Telmex, se trata de un negocio que ha crecido demasiado y es manejado por unas cinco personas a nivel nacional, por lo que a fines de 1994 se envió a la Comisión Nacional de Valores un amplio estudio confidencial sobre la forma de operación de los coyotes, para que sea la institución bursátil la que busque una solución a este asunto, "que constituye un fraude para nuestros accionistas".

- Pero desde la calle las cosas se ven distintas: "Teléfonos de México no puede hacer nada porque las acciones son como un cheque al portador que puedes vender a quien tu quieras y cuando quieras", dice el entrevistado. "Si ahora se mueven menos acciones que antes es porque ya se están acabando; muchos ya las vendieron." En otros tiempos, recuerda, cada coyote compraba de 600 a 1,000 acciones por semana en su denominación original; ahora son unas 300 en promedio. La última buena época, dice, fue cuando los trabajadores de Telmex recibieron 6,000 acciones cada uno como resultado de la venta de la empresa a la iniciativa privada. "Fue por esas fechas que mi patrón pagó N$53,000 nuevos pesos a tres personas que se acercaron a vender", comenta. "Los trabajadores se habían sacado la lotería, pero no lo sabían", agrega.

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- La dificultad para intervenir legalmente esta actividad de banqueta, la única que fluctúa al ritmo de la Bolsa Mexicana de Valores, queda en evidencia no sólo en la falta de respuesta de la Comisión Nacional de Valores a los funcionarios de Telmex, sino también en la forma en que estos compradores se anuncian en volantes que reparten en la calle o fijan en los vagones del Metro capitalino. Como acto de compra-venta entre particulares, es terreno movedizo por el riesgo de robo y abuso, si bien la constante es un vendedor que necesita de efectivo y un comprador que la aprovecha.

- "Aquí mismo en el banco, haciendo fila, he platicado con algunas personas que también están vendiendo sus acciones por necesidad, comenta Abraham Euriega Gómez, agente vendedor de madera, que decidió deshacerse de sus 570 acciones serie A de 1976, antes de la caída generalizada de las cotizaciones ocurrida el 26 de febrero pasado -en la serie L de Telmex fue de 20%-, un mal día para los patrones y su red de "corredores" de Sullivan, Mixcalco, Uruguay, Iztacalco, Reforma, de la propia bolsa de valores...

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