El último mohicano

También llamados neoprogresistas, son los típicos aguafiestas en cualquier sala de juntas de las o
Javier Martínez Staines

Es un guerrero idealista que aspira a la justicia y la equidad, incluso dentro de las tradicionalmente injustas e inequitativas empresas. Nunca se da por vencido. No discrimina. Busca beneficios concretos para la gente. No se prostituye ante la menor provocación de clientes importantes, intereses políticos o megadeals económicos. De ningún modo, porque es el último de los mohicanos, también conocido como neoprogresista.

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Con el definitivo fallecimiento de los fríos e inhumanos yuppies (bendito sea Dios) y tras la irresoluble confusión mental de la generación X, han surgido estos personajes quienes, sin ser mayoría, se cuelan en las compañías con el firme propósito de mejorar el clima de trabajo, enfocados primordialmente a las necesidades y motivaciones de la gente.

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Por supuesto, su orientación vocacional no incluye ingenierías ni ciencias económico-administrativas, sino que más bien han pasado por las aulas de humanidades y ciencias sociales. Lejos de los estandartes clásicos del marxismo-leninismo (créanme que ya ni siquiera saben quiénes eran ese alemán y ese ruso), los feroces mohicanos son los eternos aguafiestas en las salas de juntas, siempre poniendo el dedo en la llaga de las inequidades y los excesos de las decisiones corporativas. Algunos se refieren a ellos como “los empleados incómodos”.

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Pocos en número, pero más energéticos que una sobredosis de Red Bull, los neoprogresistas traen inscritos en su bandera los mandamientos del nuevo mundo:
1. El capitalismo salvaje fue terminado de enterrar por Enron, WorldCom, Parmalat y demás finísimos consorcios.

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2. El Peje es el político con mayor popularidad en México y Lula goza de prestigio dentro y fuera de casa.

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3. Clinton está cerquita de Dios y muy, muy, muy lejos de Bush junior.

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4. Aunque definitivamente no lograron avanzar ni a la segunda página de alguna obra de Michel Foucault o de Roland Barthes, al menos lo intentaron. Su libro de cabecera es Miseria de la prosperidad: la religión del mercado y sus enemigos, de Pascal Bruckner.

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5. Ni de broma leen libros de negocios, de no ser los que hablan de los escándalos corporativos.

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6. Ya no viajan a hoteles de lujo de 500 habitaciones, sino a pequeños lugares armónicos con la naturaleza. Tulum, sí; Cancún, no. Claro, si se puede un hotel boutique, mejor que un albergue.

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7. Woody Allen es el mejor retratista de la naturaleza humana.

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8. Los fundamentalistas del neoliberalismo son meros nostálgicos del capitalismo salvaje, del que necesariamente eran beneficiarios. Los Chicago boys son una especie en extinción.

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¿Auténticos? Hay todo tipo de teorías. Algunos los acusan de simples provocadores, que buscan congraciarse consigo mismos al ser vistos como héroes nada anónimos dentro de la organización (una expresión más del narcisismo). Otros los suben al altar de rebeldes con causa, que buscan legítimamente el bien común. Como sea, ya están dentro de tu empresa.

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El autor es director editorial de Grupo Expansión y es miembro de la muy confundida generación X. Comentarios: jstaines@expansion.com.mx.

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