El mundo está más seguro que ayer

Contrariamente a la creencia popular, el mundo seguirá siendo un lugar cada vez más seguro.
Jean Marie Guéhenno

Las personas que mueren a causa de la guerra hoy son menos que en casi cualquier otro momento de la historia desde los años 20. Según el Reporte de Seguridad Humana, publicado por Oxford University Press, en 2003 (último año del que se tienen datos) hubo unas 27,000 muertes producto de algún tipo de violencia política. Durante los 90, la cifra anual promedio era más de cinco veces superior, y se concentraba especialmente en África: Angola, Congo, Sudán y, por supuesto, Ruanda. Y aunque los 80 fueron más sangrientos, los 50, 60 y 70 fueron las décadas más crueles de todas, con la mayoría de las muertes concentradas en Asia del Este y Sudeste.

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Mientras se acaban las viejas guerras, y se desataron cada vez menos, como sucede en la actualidad, hay un oleaje de actividades para mantener la paz en el corto plazo.

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La cantidad de peacekeepers (personal asignado a fuerzas de paz) de las Naciones Unidas alcanzará su punto más alto este año, cuando las fuerzas de paz desplegadas en Haití y posiblemente en Sudán sumen la totalidad de sus fuerzas. Luego su número declinará de manera lenta a medida que las naciones con operaciones de paz se tornen cada vez más estables. Es posible, las fuerzas de paz se alejen de Timor y Sierra Leona antes de que termine 2005. Estos dos países podrán entonces sumarse a la lista de Estados, que como El Salvador, Mozambique y Namibia, han logrado pasar de la guerra a la paz.

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La tendencia actual expandió la capacidad de Naciones Unidas al máximo. Hacia mediados de 2004, había más de 60,000 cascos azules en acción, frente a los 38,500 que había hace cuatro años. Casi la mitad de las operaciones de paz de Naciones Unidas se desarrollan en África, y el resto se distribuye en tres continentes más cubriendo 12 husos horarios.

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No sólo crece el número de oficiales, sino también los costos de esta fuerza: hoy ascienden a más de $3,000 millones de dólares anuales. Una reciente investigación de Paul Collier y Anke Hoeffler de la Universidad de Oxford contempló el desafío de reducir la incidencia en las guerras civiles a nivel global, que hoy le cuestan al mundo unos $128,000 millones de dólares anuales. Se consideraron cinco opciones, entre ellas la ayuda como prevención del conflicto y la ayuda post conflicto para reducir el riesgo de recaer en uno nuevo. Entre todos los casos que se examinaron, el más efectivo con base en costos era la intervención militar externa según el Capítulo vii de la Carta de Naciones Unidas para implementar la paz y mantenerla a través de un periodo prolongado (hasta 10 años) en el que es muy alto el riesgo de reversión al conflicto.

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La investigación tuvo en cuenta particularmente la situación en Sierra Leona. Gracias a la intervención a tiempo de Gran Bretaña y a un buen seguimiento de Naciones Unidas, el Frente Unido Revolucionario, famoso por mutilar piernas y brazos, quedó sin actividad. Hay un costo humano perdurable: los miles de niños sin brazos, y no hay soluciones mágicas para el futuro desarrollo económico del país. Pero se detuvo el horror y las personas regresaron a su vida cotidiana tan rápido como pudieron y volvieron a cultivar la tierra, arreglar sus hogares y a educar a sus hijos.

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Lo sucedido recientemente en Liberia confirma el mismo punto. Más que ninguna otra cosa, y según lo que informaron a los encuestadores, los liberianos valoran la seguridad que Naciones Unidas les ha brindado desde su destacamento de fuerzas en octubre, 2003.

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La legión de casos azules
Con 17 operaciones alrededor del mundo, las fuerzas de paz están trabajando para crear un ambiente de recuperación de la estabilidad entre el caos de la guerra y la regulación de la ley. Si bien las condiciones para la paz final varían en cada caso, hay un objetivo permanente: permitir que las personas, que de otra manera estarían atrapadas en conflictos irremediables, continúen con sus vidas y contribuyan ellas mismas a una paz duradera.

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Nada de esto significa que no haya que aprender lecciones importantes del manejo de conflictos. Lograr tanto el sentido de la oportunidad y el nivel de intervención correcta, por ejemplo, a menudo resulta ser una ciencia inexacta.

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A veces, como sucedió en Ruanda, no se usa la fuerza para nada, aún frente al genocidio. A veces intervenimos demasiado tarde, cuando ya no hay paz que mantener, o usamos las herramientas completamente equivocadas, como nos pasó en Bosnia al enviar a nuestras fuerzas de paz armadas levemente. A veces, como en el Congo, la escala de esfuerzo internacional no es proporcional a la escala del lugar o del problema. Irak también ofrece una gran variedad de lecciones, entre ellas el establecimiento de operaciones post conflicto. La intervención de la Unión Europea en el Congo en 2003 interrumpió un ciclo de violencia. Animada por ese éxito, la Unión Europea amplía el concepto y los objetivos para tener, a partir de 2007, hasta nueve “grupos de batallas” al mandato de Naciones Unidas.

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El efectivo mantenimiento de la paz puede contribuir a fijar los cimientos para el futuro. Pero en aquellos lugares donde la guerra ha rasgado al Estado, la paz duradera depende del surgimiento de un marco de seguridad, justicia y desarrollo económico que sea funcional y legítimo. Esto lleva tiempo.

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Para ayudar, el resto del mundo tiene que continuar su resistencia diplomática y compromiso financiero hasta el final. Sin embargo, todavía no contamos con todas las herramientas necesarias para ayudar a reconstruir los sistemas legales, financieros y de seguridad quebrantados, y necesitamos invertir para desarrollarlas. Al fin y al cabo, la lección del 11 de septiembre de 2001 es que los Estados débiles pueden incubar amenazas estratégicas con consecuencias globales.

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Sería prematuro predecir que los esfuerzos por disminuir conflictos en el mundo sigan. Los principales impulsores de conflicto (subdesarrollo, gobiernos débiles, corrupción, saqueo de recursos naturales, mercados cerrados) van a seguir estando muy presentes tanto en África como en gran parte del Medio Oriente. Pero pareciera que donde hay conflictos, y los conflictos se arraigan, de a poco estamos mejorando la manera de estabilizarlos.

LA AUTORA ES SUBSECRETARIA GENERAL DE LAS FUERZAS DE PAZ DE NACIONES UNIDAS.

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