El neocosmopolita

¿Qué cosa es esto de ser &#34global&#34? ¿Será algo posible?
Max Clip

Cierto famoso literato escribió que “hay más cosas en el cielo y en la tierra de lo que sueñan nuestras pobres filosofías”. Supongo que, cuando lo dijo, no pudo imaginarse que algún día el mundo se “globalizaría” –cosa natural, si se recuerda que ya desde entonces la tierra era redonda... como un globo– y mucho menos tuvo en mente a ninguno de esos yupis que, muy altaneros, aseguran que en cualquier gran metrópoli “se sienten como en casa”. Hay que ver lo nerviosos que se ponen sin su agenda electrónica y sin el celular, por no hablar de la manera como extrañan el terruño cuando, durante alguna de sus giras triunfales por el mundo, se dan cuenta que no tienen agua caliente en su cuarto de hotel.

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Si me preguntan mi opinión, eso de ser “global” me parece imposible, cuando no una auténtica babosada. A veces creo que ese tipo de ideas son provocadas, quizá, por el bárbaro sometimiento a una dieta sin grasas ni carbohidratos. Que me disculpen las empresas fabricantes de alimentos low-fat y sugar-free, pero hay que investigar si un efecto secundario de la ingesta de este tipo de productos es que a la gente se le deshidrate el sentido común y le dé por imaginarse quimeras de este tipo. Intentaré explicarme.

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A como van las cosas, más de uno de nosotros se las ha tenido que ver con un jefe extranjero. Pero no se preocupen: ésta no será una perorata más a favor del nacionalismo y en contra de la presencia de observadores internacionales en la zona de conflicto. Lo que me llama la atención es lo restringido que se ha vuelto el término internacional (rebautizado como “global”) y lo cosmopolita que se ha convertido el término “aldeano”.

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Y es que a más de un ejecutivo global avecindado en este noble país lo he sorprendido yéndose a comer a las 12:30, por no recordar que se muestra incapaz de hilar tres frases en castellano (y, claro, esperando y hasta exigiendo que se le hable en inglés) y que cualquier reporte que se le entregue llegue en los tiempos y bajo el formato impuestos por la oficina matriz o por la división regional (ninguna de las cuales, por cierto, se encuentra en tierras donde se habla español).

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La semana pasada fui a un desayuno, en el que el orador principal fue un rubio portentoso y bien alimentado, que a más de ser mercadólogo, padece de cierta dificultad a la hora de pronunciar las vocales. Durante su presentación, el cuate continuamente se la pasó insistiendo en el “enorme grado de compromiso” que tienen con el mercado nacional y su “profunda identificación” con las aspiraciones locales. Pero a los presentes nos llamaron menos la atención esos detalles, como el hecho de que en el salón donde desayunábamos hacía más frío que en la calle. Al preguntarle al capitán de meseros, visiblemente amoratado del frío, si había alguna razón especial por la que el hotel debía someternos a tan extremosa temperatura, éste respondió que le habían bajado al termostato a petición del expositor, quien se había quejado de que en esa habitación “hacía calor”. “Yo creo que, como está tan acostumbrado al frío, para él esta temperatura es como lo normal”, dijo el perspicaz maitre .

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¿Se entiende lo que quiero decir? ¿Qué cosa es esto de ser “global”? ¿Será algo posible? Yo, por ejemplo, me considero chilango; y no sólo chilango –eso es algo demasiado general– sino algo mucho más preciso que aquí no podría nombrar. Por ello es que sé que para establecer un mínimo de empatía con un habitante de Chechenia, por ejemplo, haría bien en no dejarme llevar por mi entusiasmo inicial y poner más atención a las diferencias, para saber en dónde puede haber afinidades. Pero por eso no soy ni podré ser global. Los ejecutivos globales aseguran que entre ellos y el resto de la humanidad no hay diferencia; que es tanto como si un perfecto extraño nos soltara aquello de que “tú y yo somos uno mismo”.

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Un viejo dicho –que se adelantó a la moda de lo políticamente correcto –advierte: “A donde fueres, haz lo que vieres”. Nada parece estar más lejos del ánimo de quien se autonombra “ejecutivo global”, que lo entiende de otra manera, a saber: “A donde fueres, haz como si no vieres”. Ustedes creen que es broma, pero fíjense bien.

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