El paradigma de la inversión

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Hacer esfuerzos por atraer inversión extranjera a las actividades productivas no convierte a México en un caso especial. En realidad, muchos países en todo el mundo desean lo mismo. Lo importante es qué hace cada uno para convencer a los inversionistas para que opten por ellos y de que modo aprovecha los capitales que llegan como inversión productiva en beneficio de su economía.

- La política de puertas abiertas a la inversión, iniciada por el gobierno mexicano en la década pasada, mostró en poco tiempo ser insuficiente en sí misma para generar crecimiento económico y enrolar al país en las ligas mayores.

- Por el contrario, puso en evidencia la fragilidad de la economía precisamente cuando México era tomado como modelo frente a otras naciones que también están en busca del prometido desarrollo.

- El hecho es que hoy, a casi dos años de las lecciones de 1994, la administración del presidente Ernesto Zedillo aún debe demostrar a los inversionistas que está al frente de un país estable. Pero no a través de espejismos, como son los reiterativos reportes acerca del comportamiento de las “variables económicas” —tasas de interés, inflación, tipo de cambio, desempleo, PIB—, sino reactivando la planta productiva nacional, cambiando con hechos la imagen externa que tiene México como un país con leyes, pero sin justicia, e impulsando la transición hacia una auténtica democracia.

- Es cierto que la estratégica posición geográfica del país puede ser clave para inclinar las decisiones de los inversionistas hacia México, como también puede serlo el tratado comercial con la economía más grande del mundo; pero esa sólo es una parte de la historia, quizá la más simple.

- Más delicado es que México tenga poco que ofrecer a la inversión productiva y, sobre todo, a sus propios ciudadanos, sin programas educativos eficientes ni una reforma fiscal que aliente la producción, sin apoyo financiero a las empresas ni planes de desarrollo que se cumplan al pie de la letra y que no dependan, como es costumbre, del relevo sexenal y, en fin, sin una estabilidad económica bien cimentada.

- Si, como les gusta decir a los optimistas, los tiempos de crisis son tiempos de oportunidad, la administración actual no debe olvidar que el suyo es el gobierno de la crisis, y la ventaja como receptor de inversiones que tiene México sobre otros países y regiones podría no repetirse.

- De Manhattan con humor
En esta entrega, EXPANSIÓN le da la bienvenida a Felipe Galindo. Talentoso caricaturista mexicano avecindado en Nueva York, Feggo —tal es su nombre de batalla— publica regularmente en The New York Times, The Wall Street Journal, La Jornada y Nexos.

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