El patito feo de Europa

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Jorge Gutiérrez Chávez

La confianza de la ciudadanía europea en la moneda única se precipita más vertiginosamente que la  caída del euro frente al dólar. Desde su debut en 1999, la divisa de “Eurolandia” ha perdido 25% de su valor respecto de la norteamericana, mientras que la credibilidad con la que nació experimenta una baja de 30%.

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Lo anterior lo revela una encuesta denominada Europe and public opinion trends, difundida por la división de estudios de opinión de Ipsos Reid. La impresión que da es que conforme se acerca el 1 de enero de 2002, fecha en la que el euro será la única moneda circulante en los 11 países adheridos a su régimen, el conocimiento superficial y muy general de la nueva divisa comunitaria representará grandes obstáculos a los pobladores de la Unión Europea (UE), para entender las múltiples implicaciones económicas y financieras, en términos de desafío y oportunidades, de este proyecto monetario continental.

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El reporte de Ipsos muestra otros aspectos interesantes: los euro entusiastas son, en su mayoría, de sexo masculino (jóvenes estudiantes y los llamados managers, personas con salarios altos y gran propensión a invertir en la bolsa de valores y a leer uno o varios periódicos económicos), que generalmente votan por los partidos de izquierda. Con excepción de los españoles, los seguidores de las diferentes derechas europeas se muestran, según el reporte, bastante escépticos respecto de la moneda única europea.

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Esta actitud de la derecha y de parte de la ciudadanía es por demás comprensible. A pocos meses de su esperado debut, el euro no ha hecho otra cosa que perder valor respecto del dólar, lo que representa un signo de alerta para los especialistas. “Hasta hace pocos meses muchos economistas veían con optimismo las perspectivas del euro mientras que hoy prefieren mantener una gran prudencia”, afirma Beda Romano, analista de Il Sole 24 Ore, principal rotativo económico italiano.  

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La razón de la cautela se debe a que las medidas adoptadas por el Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal estadounidense, en apoyo del euro, no logran detener su caída, en gran medida porque la desconfianza que se tiene en la moneda hace más interesante el mercado de Estados Unidos. Según Schroeder Salomon Smith Barney, las adquisiciones de empresas estadounidenses (con valor superior a $1,000 millones de dólares) por parte de europeos suman $168,000 millones de dólares, en los primeros ocho meses de este año, mientras que las adquisiciones estadounidenses en la zona del euro sólo llegan a $3,000 millones en el mismo periodo.

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La difícil situación del euro no parece, sin embargo, preocupar a Wim Duisemberg, presidente del BCE, quien declaró: “Sería inapropiado que el BCE y sus contrapartes compren euros en los próximos días dado que su baja es causa de factores externos como la crisis del Oriente Medio.” Muchos expertos, en cambio, comienzan a temer que su irrefrenable caída pueda reactivar la inflación, sobre todo, porque el alto precio del crudo encarece los servicios en toda la UE y hace improbable que algunos países, como Italia y España, puedan mantener su inflación por debajo de 3%, como exige el Tratado de Maastrich.

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