El peligro de la historia única

México tiene más historias por contar que sólo la de la violencia.
Los editores

Hasta ahora, la única historia que se cuenta de México se centra en que es un país violento, con subtramas que recorren casi todos los clichés del mexicano, desde habitar en un cuerno de la abundancia que no sabemos aprovechar, hasta nuestra supuesta pereza que, por cierto, hace un par de meses destacó el conductor de un programa inglés de televisión.

- El gobierno, con más recursos y responsabilidad en el cambio de esta narrativa, no ha logrado un cambio en la percepción. Sus presupuestos en comunicación son cada vez más altos, pero la imagen del país sigue tan pobre y limitada como antes. Las empresas privadas y sus dueños, salvo contadísimas excepciones, tampoco asumen un papel más activo en la promoción del país, ni siquiera las firmas globales que pueden hacer de vocero mexicano en diferentes partes del mundo.

- La diferencia entre percepción y realidad se ve claramente al contrastar la única historia que escuchamos de México con la que proviene de quienes vienen al país a hacer negocios desde afuera. Pragmáticos por naturaleza y acostumbrados a basar sus decisiones en datos duros, tienen otra versión del país. Ninguno de ellos niega la violencia, pero usan la aritmética para algo más que contar muertos y narcos detenidos.

- Un crecimiento económico de 5.5%, como el que México tuvo el año pasado, representó grandes negocios para ellos. Es verdad que en México no egresa cada año escolar un millón de ingenieros, como lo hace India, pero son capaces, como lo hace GE, de instalar en Querétaro uno de los centros de investigación más grandes de la empresa fuera de EU, que alberga a 1,300 ingenieros mexicanos.

- Una de las encomiendas que tenemos los editores de esta revista es escribir historias de negocios equilibradas en su información. No es fácil. Cuando en una historia surge por ejemplo una acusación en contra de alguien, nos obligamos a buscar la evidencia de la denuncia y a la parte acusada para saber su versión. Mantenemos ojos y oídos muy abiertos para conocer todos los rumores, pero no publicamos ni una palabra hasta que el corridillo esté confirmado o desmentido.

- Esto no es una graciosa concesión a los lectores de Expansión. Lo asumimos como una obligación que los medios tenemos con la sociedad. Hemos dejado en las computadoras historias emocionantes que no se sostienen por falta de evidencia o porque en la búsqueda del equilibrio descubrimos que eran falsas. Reconocemos también que este sistema no siempre funciona como quisiéramos. Hemos publicado historias sin el balance apropiado. En la mayoría de estos casos, un lector o una fuente nos lo hace saber. Cuando cabe la rectificación, la hacemos sin chistar.

- Buscar la otra versión de los hechos es parte de nuestro trabajo. Como dijo una novelista nigeriana llamada Chimamanda Adichie, lo que está en juego al contar una sola versión es quitarle la dignidad a las personas.

- Estas otras historias las buscamos cuando hablamos con empresarios, reguladores, emprendedores, académicos, investigadores, analistas. El mismo principio aplica cuando contamos las otras versiones de una empresa o de una industria; de una estrategia de negocios o de una política pública.

- En esta edición queremos hacer lo mismo, pero con la historia de un país: México. Nos negamos a pensar que es exclusividad del gobierno hablar de las cosas buenas. Ésta es nuestra intención con esta edición, escribir las otras historias de México. Las que nadie quiere ver. Las que se han vuelto políticamente incorrectas de contar. Sólo así sabremos que hay empresas mexicanas que compiten globalmente y con éxito. Y que hay mexicanos diseñando autos de lujo o deportistas compitiendo en las mejores ligas de sus respectivas disciplinas.

- Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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