El pescado nuestro de cada día

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Las mamás lo han dicho siempre: Comer pescado por lo menos una vez a la semana es condición sine qua non para una buena salud… Y tienen toda la razón. Por eso, la próxima vez que vaya a una comida de negocios, no se deje convencer por los steaks o los invitantes guisos de puerco, mejor dirija sus ojos hacia la sección de pescados y mariscos…

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Además de lograr que “la comida se le baje en un dos por tres”, y le permita continuar con el trabajo que lo espera en la oficina, el platillo elegido podría depararle beneficios ocultos. Al menos eso aseguran algunos nutriólogos e investigadores, quienes señalan que la composición orgánica de todo animal que vive en el agua –incluidos mamíferos como la ballena y la foca– comprende una familia de ácidos grasos bautizados como Omega-3.

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El nombrecito –que parece sacado de una película de James Bond– corresponde a una clase de ácidos poliinsaturados capaces de prevenir enfermedades arteriales degenerativas. El hecho, aceptado entre la comunidad científica, ha dado paso a la utilización de esos mismos ácidos como medicamento para tratar estos males. Pero la gran ventaja de ingerir pescado es que tan sólo una ración de 100 o 200 gramos contiene una cantidad de ácidos grasos equivalentes a entre ocho y 12 cápsulas.

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Ahora bien, si de plano usted es de los que engrosan las huestes que detestan el pescado, se dice que la carne de ave sin piel tiene propiedades semejantes para la prevención de enfermedades coronarias. Así que si no se le antoja nada del apartado de pescados y mariscos, viaje al de aves, pero evite –¡por lo menos alguna vez, hombre!– las carnes rojas.

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