El poder del comprador

La CFE aprovechará que es la mayor consumidora de gas natural para asegurar precios estables.
Alberto Bello /

La Guerra de Irak dio una lección a las empresas mexicanas sobre los riesgos de que se disparen los costos energéticos. Y no sólo a las del sector privado. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) planea aplicarse a sí misma una protección financiera frente a la volatilidad de los importes de los combustibles que utiliza.

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“Hay que introducir una política general de compra a largo plazo”, explica en entrevista Nicéforo Guerrero, subsecretario de Electricidad. La idea es que la CFE puede aprovechar el poder que le da ser la principal consumidora de gas natural del país. No sobra el tiempo. “Irremediablemente –reflexionaba Alfredo Elías Ayub, director general de la paraestatal, en una conferencia– ya estamos construyendo las plantas que nos van a llevar a pasar de 15% de generación con gas a 50%.” Las centrales de ciclo combinado, que tienen el menor costo de producción por kilowatt, emplean este hidrocarburo como materia prima.

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Tras las crisis de precios de finales de 2000 y de este año, cuando el importe del gas llegó a multiplicarse por cuatro en los peores días de la guerra, “no puede ser que la CFE no tenga sus propias coberturas”, observa Guerrero. Inicialmente se buscará mejorar las condiciones firmadas con los importadores de gas, como la estadounidense Sempra, y con quien gane la licitación para el  suministro de gas licuado en Altamira. La política se ampliaría al combustóleo y el diesel, otros insumos empleados por las centrales termoeléctricas.

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Los clientes de la Comisión ya se beneficiaron de programas similares. Los industriales se encontraron en marzo con una factura eléctrica encarecida 7% por el aumento del precio internacional del gas. Y fue leve: si el gobierno no hubiera modificado la fórmula de cálculo de las tarifas aplazando los incrementos, el golpe hubiera sido de 19%. Una noticia poco alentadora en momentos de incertidumbre.

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Los bancos nacionales y extranjeros –Nafin y Banamex, entre otros– ya ofrecen programas de cobertura a las empresas, que establecen una tarifa promedio como un seguro antivolatilidad. La situación ha mejorado desde que en marzo de 2001, ante la ausencia de iniciativas del sector privado, el propio gobierno se vio obligado a otorgar una cobertura a los industriales, a $4 dólares el millón de unidades térmicas británicas (BTU, por sus siglas en inglés). La cifra coincide con el precio promedio que la Agencia de Información de la Energía estadounidense prevé para 2003.

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Las presiones sobre la CFE, que perdió $5,516 millones de pesos en 2002, no son pocas. Una combinación de guerra, sequía y aumento de la demanda llevó el margen de operación del sistema eléctrico nacional por debajo de los índices de seguridad en los últimos meses.

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En el año pasado  fue necesario 4.2% más de gas para satisfacer los requerimientos del país, pese a que la economía casi se estancó. El respiro vino con la aplicación del horario de verano, que ahorra energía, y otras medidas de emergencia, como el alquiler de plantas de diesel.

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La Secretaría de Energía espera que con el fin de la guerra llegue su oportunidad y bajen los precios de los contratos a futuro del gas. “Mayo y abril son los meses importantes para plantear las coberturas”, señala Guerrero.

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