El presidente Labastida

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Francisco Gil Villegas M.

Espectacular triunfo de Francisco Labastida en las elecciones primarias del PRI. Diez millones de votos demuestran que el PRI encabeza paradójicamente la vanguardia democrática de México, mientras que los candidatos del PAN y el PRD son percibidos como antidemocráticos.

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En términos de investidura democrática, Fox y Cárdenas son ilegítimos. Cuauhtémoc por su cacicazgo sobre el PRD y por designarse por tercera vez candidato presidencial, mediante un “autodedazo”; Fox por ser el engendro de una “elección” interna de corte lopezportillista, con “candidato único” y altísimo abstencionismo. Los 130,000 votos de Fox en su “elección” interna son muy pocos cuando se realiza una sencilla comparación: en las primarias del PRI, Roque Villanueva obtuvo, por sí solo, el triple de esos votos.

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Tal parece que los “opositores” no repararon, sino hasta el último momento, en las graves implicaciones que tendría el éxito de las primarias del PRI. Como lo advirtiera Camacho Solís, en un regreso a la lucidez perdida de sus análisis de la década de los 70, el éxito de las primarias del PRI implica un reposicionamiento del tricolor, encaminado a ganar, con su nuevo fundamento de legitimidad democrática, no sólo las presidenciales, sino también el gobierno del DF y hasta la mayoría absoluta en el Congreso. El PRI tiene la mesa puesta para el 2000 porque goza, desde hoy, de una confortable ventaja democrática sobre la oposición.

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El pésimo desempeño de Cárdenas como “gobernante” de la capital, su influencia en las catastróficas elecciones internas para designar a la anómala dirigente del PRD, y el tremendo autogol que se metió al dar el banderazo de salida para destruir la UNAM, son suficientes, al lado del “autodedazo”, como para condenarlo a un mero 12% de la votación en el 2000, si es que bien le va. En el caso de Fox, la ilegitimidad puede ser incluso mayor porque, después de todo, Cárdenas sí lo retó a competir en unas elecciones primarias abiertas, pero Fox se negó. Después de la votación del PRI, el temor de Fox se transfiguró en pánico y lo traicionó el subconsciente al reconocer que comprende a los madracistas porque él también ha quedado “aplanado”, en clara referencia premonitoria a lo que pudiera ser su destino en las elecciones del 2000. El pánico de Fox proviene del miedo a entrar a una contienda democrática sin la adecuada investidura de legitimación, arma que sí tiene el candidato del PRI.

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La mejor encuesta para diagnosticar las preferencias de un electorado es una elección primaria y abierta, si ésta cuenta además con alta participación, entonces es posible hacer una proyección segura al resultado de la elección nacional. La gran “encuesta de opinión” del 7 de noviembre, nos permite proyectar que los resultados del 2 de julio del 2000 pudieran quedar repartidos como sigue: Labastida del PRI con 57%, Fox del PAN con 30%, Cárdenas del PRD con 12.5%, todos con un margen de error de más o menos 4%.

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