El árbitro pide buen juego

El Instituto Federal Electoral garantiza unas elecciones limpias, dice su presidente, Luis Carlos U
Alberto Bello y Jonathán Torres

El Instituto Federal Electoral (IFE) es la institución más respetada en México después de la Iglesia Católica y los maestros. Lo quiera o no, Luis Carlos Ugalde, su consejero presidente, tiene desde noviembre de 2003 un reto difícil: suceder a José Woldenberg, su respetado antecesor. Tras su controvertida elección, a la que se opuso el Partido de la Revolución Democrática (PRD), Ugalde rehuyó de los focos y la presión de los medios y se centró en el trabajo institucional. Las decisiones del Consejo que preside han castigado sin distinciones a tirios y troyanos. “Ya nadie cuestiona nuestra imparcialidad”, afirma en una entrevista celebrada en su despacho. Una de las decisiones más polémicas del Consejo del IFE fue el rechazo a los estatutos del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que daban a la familia González Torres un control casi patrimonial del grupo político.

- En sus escasas apariciones públicas, Ugalde ha reiterado que el IFE garantiza que las elecciones de 2006 serán impecables. El cuerpo técnico del instituto, uno de los primeros organismos en desarrollar el servicio civil de carrera, lo garantiza. El desafío queda en manos de los contendientes: “que el derrotado levante el brazo al vencido”.

- Académico del CIDE hasta su nombramiento, es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Columbia, Nueva York, y licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Habla con firmeza y de corrido, pero cuida cada palabra. Sabe que no puede permitirse un error.

- ¿Es cara nuestra democracia?
La inversión en la democracia mexicana ha sido una de las más importantes que el país ha hecho en los últimos 30 años. La inversión al padrón electoral se ha traducido en que sea un ejemplo a nivel mundial. Darles mucho dinero a los partidos, a pesar de algunas consecuencias negativas, la construcción de un sistema muy sofisticado de organización de elecciones y de justicia electoral ha generado un activo que políticamente es fundamental: la confianza en el árbitro. El IFE es hoy, en el mundo, yo diría, una de las instituciones con más prestigio. La ONU le pide al IFE que capacite a autoridades en Sudáfrica, en Asia, en Irak, en Haití y muchos otros.

- Pero se dice que las elecciones mexicanas son muy caras.
El financiamiento a los partidos políticos ha venido creciendo de manera constante en los últimos 10 años porque existe un régimen de financiamiento que establece una fórmula de nivel. En 1996, los partidos recibieron $5,263 millones de pesos constantes de marzo de 2005. Un año después, en 1997, recibieron $10,204 porque se trataba de un año electoral y la fórmula dice que hay que duplicar. El financiamiento este año fue de $6,698 millones y en el próximo, en 2006, esta cifra se duplicará. Tenemos un fenómeno inflacionario.

- Durante varias décadas hubo un partido político, el PRI, que disponía de recursos de manera legal e ilegal y generaba una situación de inequidad en la competencia frente a otros partidos. A partir de los 90 se les da mucho a todos para que haya balance y lo hemos logrado. Hay más condiciones plurales en todo el país, pero también hay una crítica: si el mayor costo de las campañas políticas produce una mejor calidad en la democracia. Ahí no parece haber una correlación entre más dinero más calidad. En ocasiones justamente parece lo contrario, parece que es una relación inversa y que entre más dinero para financiar las campañas, menos calidad hay en el debate.

- ¿A qué llama calidad en el debate?
Si más financiamiento significara mejores campañas, mejores candidatos y mejores propuestas de gobierno, me parece que nadie cuestionaría la inversión creciente proporcionada. Pero el ciudadano compara lo que se les destina a los partidos y compara los resultados de gobierno y ahí es donde surge cierta frustración. Tenemos encuestas que se han publicado en América Latina y en México sobre la satisfacción con la democracia y lo que se observa es que hay una creciente insatisfacción.

- ¿Cómo se puede frenar el crecimiento del costo electoral?
Hoy en día las elecciones cuestan caras por buenas o malas razones. Una buena:  hay mayor nivel de competitividad entre partidos y eso significa que cada voto es más caro porque hay que ganarlo frente a otros contendientes.

- En segundo lugar, las campañas se han trasladado de las plazas a la televisión donde el costo por minuto es extremadamente alto. Hoy todos los partidos gastan en promedio 60% de sus recursos en televisión y radio.

- En tercer lugar, en general, en México las campañas son muy largas. La campaña presidencial dura cinco meses y tres semanas. Además la sociedad mexicana viene de una tradición corporativa de las relaciones políticas en las que hay que movilizar a los votantes a que vayan a las casillas y hay que transportarlos, invitarlos a desayunar...

- Tanto que hasta es insuficiente el financiamiento del IFE. 
El IFE ha ido detectando una serie de anomalías en la manera en la que los partidos recaudan y gastan recursos, en ocasiones violando la ley y lo que ha hecho es atacar esos fenómenos a través de sanciones muy, muy severas. Pero a la larga un sistema fiscalizador que solamente castiga no soluciona el problema. La solución de fondo, de transparencia, competencia equitativa y legal entre partidos es que nuestra democracia sea menos cara. Pasa necesariamente por una reforma que reduzca los costos de las campañas políticas.

- En México una campaña dura como mínimo 149 días. En Argentina 90, en Canadá 21, en Estados Unidos 62 ¿cómo acortarlas?
Ahora hay muchas iniciativas en la cámara de diputados que establecen una reducción de las campañas presidenciales a seis, ocho o 10 semanas y eso se hace por ley. Sin duda, ayudaría a reducir los costos.

- Los acarreados parecen que seguirán existiendo
Es un fenómeno que va disminuyendo gradualmente. El IFE ha jugado un papel fundamental al explicar que el voto es libre y secreto.

- El fenómeno clientelar de compra de voto se ubica en zonas rurales que hoy representan no más de 25% de las zonas de votación del país y no más de dos zonas marginales urbanas. En una votación en que sale mucha gente a votar, esos fenómenos no hacen una diferencia.

- ¿El voto en el extranjero no encarecerá mucho esto?
Es un propósito político deseable en la medida en que la inclusión siempre es algo democrático. Lo importante es que en las condiciones para emitir el voto fuera del país se reproduzcan las condiciones de seguridad, transparencia y secrecía que hay en México.

- La propuesta del voto postal es operable en la práctica y logísticamente se puede desarrollar, es seguro, y su costo ronda los $500 millones.

- ¿Cómo reducir los costos de televisión?
Se tiene que discutir globalmente cómo regular el acceso de los partidos a los medios de comunicación. Está pendiente y el país lo deberá retomar en 2007 para fortalecer a la industria y al régimen de partidos.  Eso corresponde al Congreso de la Unión, el IFE no tiene ninguna facultad, debe ser una negociación muy clara y transparente con los partidos, los medios de comunicación y el Ejecutivo.

- ¿Cómo debería ser la solución?
A mí me parece que debe ser un esquema predominantemente de mercado complementado con tiempos gratuitos del Estado y donde queden claras las reglas de interacción, transparencia y para que esta relación sea más nítida en beneficio de la industria y de los partidos y de la democracia mexicana.

- ¿Quién administraría los tiempos, el IFE, Gobernación...?
No creo que deba ser el IFE, me parece que la relación debe mantenerse privada entre partidos y televisoras. Lo que debe hacerse es transparentar esa relación para que haya una información más nítida de todos los grupos y, como en cualquier mercado, que puedan tomar decisiones más informadas. Eso va a ir regulando la industria y a los partidos.

- Una elección complicada
Su llegada al IFE fue cuestionada, ¿con qué medidas el actual Consejo han recuperado la confianza de los partidos?
Lo que pasó en el momento de negociar la integración del Consejo Federal del IFE en octubre de 2003 es que el PRD decidió no participar porque no estaba de acuerdo con el proceso de negociación. Cuando fuimos electos por 80% de la Cámara de Diputados, es decir, legalmente no hubo ningún problema, el PRD nos acusó de que vinimos a favorecer a los cuatro partidos que, en el caso mío, me eligieron que fueron el PAN, el PRI, el Partido Verde y Convergencia. Creo que lo que hemos hecho en los últimos meses muestra que no hay ningún patrón para favorecer o para perjudicar, no hay uno solo. De hecho, al partido que más ha sido cuestionado en nuestra acción ha sido el PRI, que fue uno de los partidos que participó en nuestra elección

- Supongo que esto ayuda a consolidar a los nueve consejeros.
Sí, sin duda alguna, yo diría que hoy no hay nadie que cuestione nuestra imparcialidad. Diría con cierta satisfacción que la relación con el PRD se recompuso rápidamente y es de respeto y cortesía. Entiendo que lo que se percibe es que somos una autoridad que aplica la ley y que en ocasiones lo que decimos no gusta a unos, pero a veces no gusta a otros y luego a otros. Estimo que esa relación complicada que surgió al principio de esta administración se ha ido resolviendo.
 
El IFE tendrá un papel clave en 2006 ¿Cómo ve ese desafío?
Hay dos desafíos globales del proceso electoral, el primero es en la esfera técnica y el segundo el desafío en la esfera política. El IFE es responsable de ser al árbitro técnico de 2006. Tengo mucha confianza en que lo vamos a hacer muy bien porque llevamos haciéndolo 14 años, porque tenemos una ley que es un catálogo muy preciso de procedimientos para organizar una elección desde que se emite la convocatoria hasta que se establece cuál es el padrón electoral.

- Los funcionarios que manejan las elecciones de 2006 son los mismo que manejaron las de 2003.

- Es un servicio civil, no hay manera de cambiarlos. Todo es por concurso, y la mayor parte de la gente tiene más de 10 años de antigüedad. Yo estoy muy tranquilo de que esto va a salir muy bien.

- El IFE la noche del 2 de julio va a decir “hubo tantos votos para tal candidato y tantos para éste, por lo tanto éste ganó”. No hay duda de que así va a ser y con un grado de transparencia y legalidad muy alto.

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- Ahora, hay otra esfera, que es la política de la cual el IFE no tiene control ni atribuciones ni responsabilidades mayores en la que confluyen los partidos, sus candidatos, el Congreso mexicano, y los medios de comunicación. Es la envoltura política que genera un ambiente más o menos propicio para  el proceso técnico que realiza el IFE. Genera un tono de debate, un sistema cordial o conflictivo entre candidatos, acusaciones o no acusaciones; propicia  mayor o menor confianza, reitero, que no tiene nada que ver con la confianza en lo técnico.

- Sin embargo, sí es muy importante para la aceptación del resultado del 2 de julio que en la esfera política haya un clima que favorezca que el segundo lugar le alce la mano al primero, en cualquier democracia el mecanismo es de aceptación de resultados o sea que el segundo lugar diga acepto al primero. La autoridad electoral sale, como salió el IFE en 2000 y dice esos resultados, eso es muy importante, pero simbólica y políticamente es muy importante que el perdedor acepte el resultado.

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